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22 feb 2021

Mitos medievales: ¿Iglesia vs Ciencia?

La creencia popular es que la religión ha frenado el progreso científico. La Edad Media es vista como una época de oscurantismo y estancamiento. Y la culpa suele ser atribuida a la Iglesia Católica, ¿qué tan cierto es? 

John Heilbron empieza su libro "The Sun in the Church" con las siguientes palabras

"The Roman Catholic Church gave more financial and social support to the study of astronomy for over six centuries, from the recovery of ancient learning during the late Middle Ages into the Enlightenment, than any other, and probably all, other institutions" (La Iglesia Católica Romana brindó más apoyo financiero y social al estudio de la astronomía durante más de seis siglos, desde la recuperación del saber antiguo durante la Baja Edad Media hasta la Ilustración, que cualquier otra, y probablemente todas las demás instituciones).

 

Alta Edad Media

Después de la caída del Imperio Romano de Occidente, vino un período de desintegración política, agitación social y declive intelectual conocido como Alta Edad Media (500-1000). No cabe duda que hubo un retroceso cultural, pero ¿fue culpa de la Iglesia? Hay que recordar que toda una civilización en Occidente había colapsado. Había invasiones bárbaras, guerras y pobreza. La baja actividad científica en esta época estuvo relacionada con el caos que siguió a la caída de Roma, no con la represión de la Iglesia. El historiador agnóstico Will Durant no solo afirma que la Iglesia no tuvo la culpa, sino que hizo todo lo posible por mantener cierto orden.

La Alta Edad Media contribuyó a un aspecto importante de toda tradición científica: la preservación y transmisión del conocimiento acumulado. Los monasterios jugaron un papel crucial en este proceso. Las ciencias naturales no eran su principal interés; no obstante, ningún otro elemento de la sociedad medieval europea contribuyó más que la Iglesia a la preservación del conocimiento científico durante esta etapa intelectualmente precaria.


En este periodo, destacan eruditos como Casiodoro (485-580), fundador del monasterio de Vivarium. Escribió Institutiones, con una primera parte dedicada a las Escrituras y la segunda a las artes liberales, como la astronomía o las matemáticas; Isidoro (556-636), arzobispo de Sevilla. Su obra Etimologías fue un intento de reunir todo el conocimiento medieval, derivado del saber clásico; recopila temas de teología, derecho, medicina e historia. Este libro logró una extraordinaria difusión por toda Europa; y Beda (673-735) Monje benedictino, originario de Northumbria. Escribió obras como De natura rerum o De temporum ratione, en la que registra el efecto de la Luna en las mareas.


Renacimiento carolingio

Se le denomina así al periodo comprendido entre finales del siglo VIII y principios del IX. Constituye, según palabras de Pierre Riché, "el primer gran florecimiento de la cultura europea". A medida que aumentaba el control de Carlomagno sobre los territorios, también lo hicieron sus esfuerzos por difundir la educación.

Carlomagno patrocinó fundaciones religiosas, donde los escribas copiaban manuscritos usando una escritura más legible; la escritura que desarrollaron se denomina minúscula carolingia. Muchos textos clásicos sobrevivieron gracias a las copias carolingias. También procuro que el clero tuviera una educación adecuada, estandarizó la liturgia y los rituales. Esta labor fue encomendada a Alcuino de York, abad benedictino. Conoció a Carlomagno en 781, en Italia, y aceptó su invitación para hacerse cargo de la Escuela Palatina fundada por el rey en su capital, Aquisgrán. Alcuino sistematizó el plan de estudios y alentó el estudio de las artes liberales. Los estándares escolares de la Escuela Palatina eran tan altos que otras escuelas monásticas y catedrales se inspiraron para emularlos.


Renacimiento en el siglo XII

Entre el siglo XI y XII, Europa experimenta una renovación política, social y económica. Ahora las escuelas contaban con planes de estudios más amplios, que incluían el estudio de los clásicos latinos y griegos, disponibles desde la Alta Edad Media, aunque poco estudiados en ese entonces. Los fenómenos naturales debían explicarse exclusivamente en términos naturalistas, pero esto no era resultado de un escepticismo sobre el origen divino del universo, sino una creciente convicción de que la investigación de las causas secundarias establecidas por el Creador era un medio legítimo para estudiar la filosofía natural.

En el Tercer Concilio de Letrán, en 1179, se estableció: "...para que la oportunidad de aprender a leer y progresar en el estudio no se retire a los niños pobres que no pueden ser ayudados por el apoyo de sus padres, en cada iglesia catedralicia se le debe asignar a un maestro algún beneficio adecuado para que pueda enseñar a los clérigos de esa iglesia y a los pobres eruditos" (canon 18).

Las universidades surgidas en el siglo XII, en Europa, son predecesoras de la universidad moderna, la cual hereda de la universidad medieval no solo la denominación, sino también su estructura organizativa, sistema académico, libertad académica y docencia. Nuestras universidades persiguen la internacionalidad, tal como lo hacía la universidad medieval. Estas universidades evolucionaron a partir de escuelas catedralicias y monásticas más antiguas, y es difícil determinar cuándo se convirtieron en verdaderas universidades.

Hay personas que rechazan lo anterior bajo el argumento de que en la antigüedad hubo instituciones de educación superior, por ejemplo, la Academia de Platón. De hecho, las escuelas griegas son las que más se asemejan a la universidad medieval; sin embargo, nunca lograron la forma corporativa que dio permanencia a la universidad. Las escuelas confucianas de la China Imperial, la Gurukula de la India, la Madrasa del Islam, las escuelas de los templos aztecas e incas, las escuelas japonesas del periodo Tokugawa y las escuelas monásticas (antes del siglo XII) daban poco espacio para cuestionamientos o análisis. Ciertamente, todas las civilizaciones han necesitado educación superior para capacitar a sus gobernantes, sacerdotes o militares, pero solo en la Europa medieval surgió una institución reconocible como universidad, una escuela de educación superior caracterizada por su autonomía corporativa y libertad académica.

Esta institución surgió antes de 1200 en ciudades como Bolonia, París y Oxford. En 1500, unas sesenta universidades estaban esparcidas por toda Europa. Aproximadamente el 30% del plan de estudios de una universidad medieval cubría materias relacionadas con el mundo natural. La ciencia y medicina greco-árabe encontraron por primera vez un hogar permanente en esta institución. Es difícil creer que la Iglesia medieval toleraría y apoyaría la universidad, si realmente había intención de suprimir la ciencia. La teología cristiana resultó adecuada para fomentar el estudio del mundo natural, considerado creación de Dios. 

Los Papas intervinieron en nombre de la universidad en numerosas ocasiones. Honorio III (1216-1227) se puso del lado de los eruditos de Bolonia en 1220, cuando sus libertades fueron violadas. En 1231, cuando los funcionarios diocesanos locales invadieron la autonomía institucional de la universidad, el Papa Gregorio IX emitió una bula que concedía a la Universidad de París el derecho al autogobierno. En varias ocasiones, el pontífice obligó a las autoridades universitarias a pagar los sueldos de los profesores (tenemos los ejemplos de Bonifacio VIII, Clemente V, Clemente VI y Gregorio IX).

Tampoco es verdad que la mayoría de los estudiantes eran monjes que dedicaban la mayor parte del tiempo al estudio de la teología. Al contrario, la mayoría no cumplía con los requisitos para estudiar teología. Pocas universidades contaban con facultad de teología en el siglo XIII. La noción de la teología como reina de las ciencias se remonta a Aristóteles, quien quiso decir que la metafísica o la teología eran ramas de la filosofía más fundamentales que las matemáticas o la filosofía natural. Su estatus científico era discutido por los mismos teólogos. Por ejemplo, Tomás de Aquino creía que la teología era una ciencia. William de Ockham, un influyente franciscano, no estaba de acuerdo.


Condenas de 1277, ¿tuvieron un efecto positivo?

La recepción del aristotelismo en las universidades no estuvo exento de problemas. Las condenas de 1277 por el obispo Étienne Tempier destacaban ciertos puntos de tensión entre la filosofía aristotélica y las creencias cristianas. El Papa no jugó ningún papel en las condenas; simplemente solicitó una investigación sobre las causas de aquella confusión intelectual. Incluso se podría decir que hubo una aprobación papal poco entusiasta. 

Pierre Duhem afirma: "Si tuviéramos que asignar una fecha al nacimiento de la ciencia moderna, sin duda elegiríamos el año 1277, cuando el obispo de París proclamó solemnemente que podían existir varios mundos, y que el conjunto de las esferas celestes podría, sin contradicción, estar animada por un movimiento rectilíneo" (pág. 412). Aunque esta afirmación podría considerarse extrema, como señala el autor Edward Grant. Woods afirma que, aunque los estudiosos han discrepado sobre la influencia relativa de las condenas, "todos coinciden en que obligaron a los pensadores a emanciparse de las restricciones de la ciencia aristotélica y a considerar posibilidades que el gran filósofo nunca imaginó". Estas condenas pudieron haber tenido éxito, de no ser por la cristianización de Aristóteles ofrecida por Tomás de Aquino.


Atención médica

Los hospicios, inicialmente construidos para albergar a peregrinos y mensajeros, se convirtieron en hospitales en el sentido moderno de la palabra. Entre los siglos VI y X, bajo la influencia de la Orden Benedictina, la enfermería se convirtió en una parte establecida de cada monasterio. Inicialmente diseñada para el cuidado de los monjes, con el tiempo acogieron a pacientes civiles. 


Durante la Baja Edad Media, las enfermerías monásticas continuaron expandiéndose, pero también se abrieron hospitales públicos, financiados por las autoridades de la ciudad, la iglesia y fuentes privadas. Los monasterios desempeñaron un papel vital en la promoción de la atención médica y el desarrollo de hospitales.


¿Y qué hay de la disección humana?

Uno de los mitos más frecuentes es que la Iglesia medieval se opuso a la disección humana. La mayoría de las culturas despreciaban esta actividad, por lo cual es sorprendente que la Iglesia sí permitiera las disecciones. La bula papal De Sepulturis (aproximadamente en 1299) a menudo es citada como evidencia, ya que prohíbe la ebullición de cuerpos. Esta práctica se volvió común durante las cruzadas, cuando los muertos en campaña querían ser enterrados en su tierra. La ebullición separaba la carne de los huesos y de esta manera era más fácil trasladar los restos. La bula también tenía el objetivo de prohibir el comercio de huesos de soldados. 

En 1231, el emperador Federico II decretó que un cuerpo humano debía ser disecado al menos una vez cada cinco años; la asistencia era obligatoria para todos los que iban a practicar medicina o cirugía. A finales del siglo XIII, la universidad de Bolonia emergió como la institución más popular de Europa para el aprendizaje de la medicina. Su estatus se reforzó aún más cuando el Papa Nicolás II le concedió una bula en 1292, mediante la cual todos los graduados en medicina podían enseñar en todo el mundo.


¿Cuándo y cómo surge este mito?

La denigración de la Edad Media comienza a partir del siglo XVI, cuando los humanistas se acercaron a la literatura griega y romana. Las críticas contra este periodo fueron retomadas por ingleses como Bacon (1561-1626) o Hobbes (1588-1679), autores protestantes que se negaban a dar el más mínimo crédito a los católicos. Les resultaba más conveniente afirmar que nada de valor se había enseñado en las universidades antes de la Reforma. Sin embargo, es erróneo afirmar que no había ciencia ante del Renacimiento (este es tema para otra publicación). Aunque intelectuales protestantes como John William Draper y Andrew Dickson White se empeñaban en señalar al catolicismo como primera fuente del conflicto entre ciencia y religión, no hay indicios de tal conflicto antes del asunto de Galileo (e incluso este caso merece una exhaustiva investigación).

En conclusión, no había una guerra entre la ciencia y la Iglesia medieval. La relación entre ambas fue compleja, alternando entre la colaboración y el desacuerdo. No se puede negar que había límites teológicos que los eruditos debían abordar con cuidado. Pero rara vez experimentaron el poder coercitivo de la Iglesia y a menudo encontraron apoyo y mecenazgo en esta. La idea de que el catolicismo medieval reprimió la ciencia resulta casi ridícula cuando se toma en cuenta la gran cantidad de clérigos involucrados en el estudio de las ciencias.



Fuentes:

Blair, Ann (2004) "Science and Religion." In Cambridge History of Christianity, Vol. 6: Reform and Expansion, 1500-1660, edited by Ronnie Po-Chia Hsia, 427-45. Disponible: https://dash.harvard.edu/handle/1/29674919 [19/02/21]

Duhem, Pierre (1906) Études sur Léonard de Vinci. Disponible: https://archive.org/details/tudessurlona02duhe/mode/2up [18/02/21]

Cilliers, L., & Retief, F. P. (2002). The evolution of the hospital from antiquity to the end of the middle ages. Curationis, 25(4), 60–66. https://doi.org/10.4102/curationis.v25i4.806 [19/02/21]

Grant, Edward (1974) A Source Book in Medieval Science. Harvard University Press. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=fAPN_3w4hAUC&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [19/02/21] 

Ghosh S. K. (2015). Human cadaveric dissection: a historical account from ancient Greece to the modern era. Anatomy & cell biology, 48(3), 153–169. https://doi.org/10.5115/acb.2015.48.3.153 [18/02/21]

Hannam, James (2009) God's Philosophers: How the Medieval World Laid the Foundations of Modern Science. Icon Books Ltd. Disponible: https://es.scribd.com/book/353166911/God-s-Philosophers-How-the-Medieval-World-Laid-the-Foundations-of-Modern-Science [19/02/21]

Lindberg, David C. (2002) Medieval Science and Religion. Capítulo del libro Science and Religion: A Historical Introduction, editado por Gary B. Ferngren. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=4mFwdYxrjBMC&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [18/02/21] 

Numbers, Ronald L. (2010) Galileo Goes to Jail and Other Myths about Science and Religion. Harvard University Press. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=ILIPEAAAQBAJ&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [15/02/21]

Pavlac Brian A. y Lott Elizabeth S. (2019) The Holy Roman Empire: A Historical Encyclopedia [2 volumes]. ABC-CLIO. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=arSYDwAAQBAJ&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [20/02/21] 

Perkin H. (2007) History of Universities. In: Forest J.J.F., Altbach P.G. (eds) International Handbook of Higher Education. Springer International Handbooks of Education, vol 18. Springer, Dordrecht. https://doi.org/10.1007/978-1-4020-4012-2_10 [18/02/21]

Shiqin Liao and Huigai Li (2016) Reach to the Characters and Effects of Medieval Universities in Western Europe. Título del libro: Proceedings of the 2016 International Conference on Education, E-learning and Management Technology. Disponible: https://www.atlantis-press.com/proceedings/iceemt-16/25860011 [18/02/21]

Woods, Thomas E. (2005) How the Catholic Church built Western civilization. Disponible: https://archive.org/details/howcatholicchurc0000wood [19/02/21]

29 ene 2021

Mitos medievales: ¿Se creía que la Tierra era plana?

Ilustración de la tierra esférica y las cuatro estaciones, del libro "Liber Divinorum Operum" del siglo XII por Hildegarda de Bingen.

Una creencia popular es que Colón pretendía desmentir la teoría de que la Tierra era plana y que a los marineros les aterraba la idea de llegar al borde del mundo. Esto es falso; la gente en la Edad Media sabía que la Tierra era esférica. En la época del descubrimiento, lo que se desconocía era la circunferencia, no la forma. Es por eso que los marineros temían morir de hambre en la exploración del océano desconocido. Copérnico y Galileo tampoco discutían la forma del planeta, sino su posición, de acuerdo con su tesis del sistema heliocéntrico.

Retomando el tema del descubrimiento de América, Fernando e Isabel remitieron los planes de Colón a una comisión real encabezada por Hernando de Talavera, celebrada en Salamanca. Se reunieron tanto miembros del clero como laicos. Plantearon algunas objeciones al proyecto, pero todos asumieron la redondez de la Tierra. Argumentaron que Colón no podía alcanzar las Indias en el tiempo que él establecía, ya que la circunferencia de la Tierra era demasiado grande. Y resultó que tenían razón.

Ninguna persona educada (salvo algunos disidentes) en la historia de la civilización occidental desde el siglo III a. C. en adelante creía que la Tierra era plana. En la Antigüedad, la esfericidad de la Tierra fue reconocida por filósofos como Pitágoras, Aristóteles y Eratóstenes (quien logró calcular la circunferencia). Esto no cambió con la llegada del cristianismo.

Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, escribe "...tanto el astrólogo como el físico pueden concluir que la tierra es redonda. Pero mientras el astrólogo lo deduce por algo abstracto, la matemática, el físico lo hace por algo concreto, la materia". San Agustín menciona, según un fragmento de La Ciudad de Dios: "...y no reparan que aunque se crea o se demuestre con alguna razón que el mundo es de figura circular y redonda, con todo, no se sigue que también por aquella parte ha de estar desnuda la tierra de la congregación masa de las aguas; y aunque esté desnuda y descubierta, tampoco es necesario que esté poblada de hombres, puesto que de ningún modo hace mención de esto la Escritura, que da fe y acredita las cosas pasadas que nos han referido". Aunque San Agustín niega la existencia de pobladores en las Antípodas, no duda de la esfericidad del planeta. Roger Bacon (1220-1292), al igual que otros grandes eruditos de la época medieval, Jean Buridan (1300-1358), Nicholas Oresme (1320-1382) o Beda el Venerable en el siglo VII, afirmaron la redondez de la Tierra. Alfonso X de Castilla escribe en su "General Estoria""Sabuda cosa es por razón e por natura, e los sabios assí lo mostraron por sos libros, que como el mundo es fecho redondo que otrossí es redonda la tierra...". Ahora que mencionamos a un rey, no podemos dejar de lado la evidencia gráfica en el uso del orbe por los monarcas cristianos.

Federico I (1122-1190) emperador del Sacro Imperio Romano Germánico

María I de Hungría (1371-1395)Chronica Hungarorum de 1488

Carlos IV (1316-1378), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, junto a su esposa Blanca de Valois

Sello de la "Bula de Oro" de 1356.

Parece ser que fue el escritor estadounidense, Washington Irving (1783-1859), quien popularizó el mito de la Tierra plana con su obra "Una historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón", en la que narra que el marinero se presentó en la universidad de Salamanca para defender su teoría de la Tierra redonda. Esto es una licencia dramática por parte de Irving. El académico Antoine-Jean Letronne (1787-1848), plasmó esa misma idea en su obra Sobre las ideas cosmográficas de los padres de la iglesia.

Sin embargo, no podemos culpar solamente a Irving o a LetronneUn motivo por el cual se piensa que la gente medieval creía en la Tierra plana  son los mapas de esa época. En estos se observa una Tierra plana en forma de disco, pero la realidad es que los cartógrafos medievales intentaron que el círculo representara el hemisferio superior del globo. Un punto a considerar es que la mayoría de los mapas medievales no estaban destinados a llevar a alguien de un lugar a otro, sino que eran obras de arte colgadas en las catedrales o ilustraciones en manuscritos. Por lo tanto, no eran precisos. Otro motivo por el cual ha perdurado este mito es nuestro propio prejuicio sobre la gente medieval, forjado en los estereotipos de que eran sucios e ignorantes. Muchos conceptos erróneos sobre la Edad Media surgieron en el siglo XIX como parte de una reacción contra la religión.


Fuentes:

Gould, Stephen J. (1997) The late birth of a flat earth, Dinosaur in a Haystack: Reflections in Natural History, disponible: http://www.inf.fu-berlin.de/lehre/SS05/efs/materials/FlatEarth.pdf [29/01/21]

Páez Kano, José Rubén (2003) La esfera de la tierra plana medieval como invención del siglo XIX (Tesis de maestría). Disponible: https://rei.iteso.mx/bitstream/handle/11117/2472/Jos%C3%A9%20Rub%C3%A9n%20P%C3%A1ez%20Kano%20Lista.pdf?sequence=2 [29/01/21]

Livingston, Michael (2002) Modern Medieval Map Myths: The Flat World, Ancient Sea-Kings, and Dragons. Disponible: https://web.archive.org/web/20060209042605/http://www.strangehorizons.com/2002/20020610/medieval_maps.shtml [29/01/21]

Russell, Jeffrey Burton (1997) The Myth of the Flat Earth, Studies in the History of Science (American Scientific Affiliation), disponible en: https://www.asa3.org/ASA/topics/history/1997Russell.html [29/01/21]

12 feb 2020

Amor cortés

La expresión "amor cortés" aparece por primera vez en 1883, en un artículo de Gaston Paris sobre El Caballero de la carreta, novela de Chrétien de Troyes que describe el amor que experimenta Lanzarote por Ginebra, esposa del rey Arturo. El vínculo que unía a Lanzarote con su amada le impulsó a llevar a cabo asombrosas proezas y a aceptar una obediencia sin límites a las órdenes de su dama (Jacques Le Goff, 2003, pág. 23). En la Francia del siglo XII aparece un modelo de relaciones entre hombre y mujer que los contemporáneos denominaron fine amour, amor sublime. Una forma de conjunción sentimental y corporal entre dos individuos de sexo diferente llamada "amor cortés". (Duby and Perrot, 2000, pág. 319)

La "cortesía" es el ideal de comportamiento aristocrático, un arte de vivir que implica lo que suele entenderse por buenas costumbres, maneras refinadas, elegancia, pero también, mucho más allá de cualquiera de estas cualidades puramente sociales, un sentido del honor caballeresco. (Jacques Le Goff, pág. 24

Miniatura de un manuscrito de trovas alemanas, siglo XIV. Biblioteca de Heidelberg

El modelo era simple. Un personaje femenino figuraba como personaje central, una "dama". El término, derivado del latín domina, significa que esta mujer ocupa una posición dominante y está casada. Es percibida por un hombre, un "joven" (en aquella época, el significado preciso de esta palabra era el de "célibe"). Lo que éste ve de su rostro, lo que adivina de su cabellera, oculta por el velo, y de su cuerpo, oculto por la vestimenta, lo turban. Todo comienza con una mirada furtiva. La metáfora es la de una flecha que penetra por los ojos, se hunde hasta el corazón, lo abrasa, le lleva el fuego del deseo. La dama, a menudo esposa de su propio señor, está por encima de él, quien enfatiza la situación con sus gestos de vasallaje. (Duby and Perrot, pág 319)

De acuerdo con Eileen Power, "la dama de las clases altas tenía importancia en más de un aspecto en el mundo medieval. Para la caballería era el objeto de adoración, la fuente de todo romance y el objeto de todo culto, que sólo debía ordenar para ser obedecida de inmediato y para quien se llevaban a cabo todos los actos de valor. En lo relativo a la ley y al edificio de la sociedad feudal, su importancia primordial era su calidad de terrateniente. En cuanto a la familia importaba como esposa y madre, ejerciendo gran autoridad de tipo práctico, no sólo en la esfera propia del hogar sino en una esfera mucho mayor como representante del marido durante su ausencia". (Ardesi de Tarantuviez, 2012, pág. 23)
El requerimiento amoroso debía ir siempre ligado a la valía personal. En el norte de Francia, de acuerdo con el tema novelesco de la realización personal, el hombre debía, además de ensalzar a su amada, mostrarse como un caballero ejemplar en los torneos y combates. El término provesse, en lengua oïl, se refiere frecuentemente a las virtudes militares, mientras que proeza, en lengua de oc, designa al conjunto de cualidades que adornan al "fino amante". (Jacques Le Goff, pág. 24)

God Speed (1900), Edmund Leighton

A partir del momento en el que el varón hace entrega de sí mismo, deja de ser libre. La mujer sí lo es de aceptar o rechazar la ofrenda. Sin embargo, si la dama acepta, si se deja envolver por las palabras, también ella queda prisionera. Las reglas del amor cortés obligan a la elegida, como precio de un servicio leal, a entregarse finalmente por entero. En su intención, el amor cortés no era platónico. Era un juego, cuya atracción residía en el peligro al que se exponían los compañeros. Aun cuando, como en el ajedrez, es la dama una pieza mayor, no puede, precisamente por ser mujer, disponer libremente de su cuerpo. (Duby and Perrot, pág 320)

Sin embargo, el código amoroso imponía una minuciosa dosificación de tales favores y entonces la mujer volvía a coger la iniciativa. Se entregaba, pero por etapas. El ritual prescribía que ella aceptara primero que se la abrazara, ofreciera luego sus labios, se abandonara después a ternuras cada vez más osadas, cuyo efecto era exacerbar el deseo del otro. Uno de los temas de la lírica cortés describe lo que hubiera podido ser el "ensayo" por excelencia, el assaig, como dicen los trovadores, experiencia decisiva a la que el amante soñaba con ser finalmente sometido y cuya imagen lo obsesionaba, le paralizaba la respiración. Se veía acostado, desnudo, junto a la dama desnuda, autorizado a aprovechar esa proximidad carnal. Pero sólo hasta cierto punto, pues en última instancia la regla del juego le imponía contenerse, no apartarse, si quería mostrar su valor, de un pleno dominio del cuerpo. El amor cortés concedía a la mujer un poder indudable. Pero mantenía ese poder confinado en el interior de un cuerpo bien definido, el de lo imaginario y el del juego. (Duby and Perrot, pág 321)

Este modelo de comportamiento se conoce gracias a los poemas elaborados para diversión de los cortesanos. Los más antiguos, al parecer, son once canciones que los manuscritos tardíos atribuyen a Guillermo de Poitiers, noveno duque de Aquitania. Este personaje era famoso en su época por su tendencia a la broma de tono subido. (Duby and Perrot, pág 321)

Lancelot y Ginebra en la ilustración de Henry Justice Ford para Los cuentos de la mesa redonda de Andrew Lang (1908)

En la corte de María de Champaña, hija de Luis VII de Francia y Leonor de Aquitania, surge el Tratado sobre el amor de Andrés el Capellán. El mismo entorno, bajo el mecenazgo de la condesa de Champaña, en el que surgió el Caballero de la carreta. Esta novela se dedica a relatar las etapas de la devoción creciente del culto de Lanzarote por su dama. Muy distinta al Tratado de Andrés el Capellán, que enuncia las reglas del amor, aunque, finalmente, disuade de seguir los caminos del amor cortés, pues destruye la moral cristiana. (Jacques Le Goff, pág. 26)

¿Por qué fue bien acogido? 
En esta sociedad, los hombres se dividían en dos clases: por un lado, los trabajadores, campesinos en su mayor parte, que vivían en la aldea, los "villanos"; por otro lado, los señores, que se mantenían de los frutos del trabajo popular. Efectivamente, la corte fue el lugar donde tomó forma el juego del fine amour. Entregándose a este amor cortés, esforzándose por tratar por tratar con más refinamiento a las mujeres, demostrando su habilidad para capturarlas, no por la fuerza, sino por las caricias verbales o manuales, el hombre pretendía demostrar que pertenecía al mundo de los privilegiados. De esta manera marcaba sus distancias respecto al villano, sin recursos, relegado a las tinieblas de la incultura y de la bestialidad. La práctica del amor cortés fue, ante todo, un criterio de distinción en la sociedad masculina. He aquí lo que conferirá tanta fuerza al modelo propuesto por los poetas y lo que impuso al extremo de llegar a modificar en la corriente misma de la vida la actitud de ciertos hombres respecto a las mujeres. Al menos respecto de ciertas mujeres, pues la división que separa a los hombres en dos clases se repetía en la sociedad femenina. Por un lado estaba la masa de las villanas —a las que el "cortés" estaba autorizado a acosar a su antojo y hacer con ellas su brutal voluntad—, y por otro lado estaban las damas y doncellas. No obstante, Guillermo de Poitiers no habla de amor cortés, sino de "amor de caballero", lo que designa con mayor precisión a los varones de la corte invitados a servir a las damas. (Duby and Perrot, pág 326)

Miniatura del matrimonio de Enrique V de Inglaterra y Catalina de Valois

Para comprender por qué en el siglo XII la aristocracia feudal adoptó las reglas del amor cortés, vale la pena considerar las prácticas matrimoniales que prevalecían en dicho medio social, constituido por herederos cuyos privilegios se transmitían de generación en generación. En consecuencia, toda su ordenación se fundaba en el matrimonio. Por tal motivo, el matrimonio era una cosa muy seria que había que controlar severamente. Era conveniente que la unión de los esposos se apoyara en el acuerdo de los sentimientos. Pero, en este aspecto, los clérigos hablaban de afecto, no de amor, es decir, la búsqueda apasionada del placer que conducía naturalmente al desorden. (Duby and Perrot, pág 328)

Los matrimonios eran el resultado de largas negociones, sin más preocupaciones que los intereses de la familia. E incluso para el hombre joven, la niña que se le adjudicaba para que llevara a su lecho, a la que a veces jamás había visto siquiera y que a menudo era de edad demasiado tierna, solo representaba la ocasión de salir, a través del matrimonio, de su condición dependiente. (Duby and Perrot, pág 329)

El amor cortés contribuyó al afianzamiento del orden al inculcar una moral fundada en dos virtudes, la mesura y la amistad. Ejercicio de dominio, invitaba al caballero a dominarse a sí mismo, a contenerse, a la "continencia", a controlar sus pasiones, y las más turbulentas, las caldeadas por las pulsiones de la carne. Al prohibir la captura brutal, sustituyendo la violación, el rapto, con las etapas medidas del cortejo, su ritual instauraba una manera "honesta" de conquistar a las mujeres de la buena sociedad. (Duby and Perrot, pág 332)



Bibliografía 
Duby, G. and Perrot, M. (2000). Historia de las mujeres en Occidente: la Edad Media. Madrid: Taurus; Santillana, pp.319-339.

Le Goff, J. (2003), Diccionario razonado del Occidente medieval. [Libro electrónico] Tres Cantos, España: Ediciones AKAL.  Consulta el 10 de febrero de 2020 en https://books.google.com.mx/books?id=LHWMKZUpgPAC&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false


Ardesi de Tarantuviez, B. (2012). La mujer y el poder político: Leonor de aquitania (siglo XII). Revista Melibea, 6, 17–36. Consulta el 9 de febrero de 2020 en  https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/8936/04-tarantuviez.pdf


2 ene 2017

Causas del Antisemitismo

El antisemitismo constituye un conjunto de opiniones y actitudes con tendencia a la hostilidad hacia los judíos. Es también llamado "el odio más antiguo". Este sentimiento hostil no es un invento de Hitler, sino que su origen es mucho más antiguo. El término apareció en 1873, dado a conocer por el periodista alemán Wilhelm Marr. El término hacia referencia al rechazo racial, no distinguiendo entre los judíos y los conversos. Antes sólo existía el término anti-judaísmo. El antisionismo es el rechazo a que los judíos tengan su propia patria. Semítico se refiere a los pueblos con lenguas de origen común, como el árabe, amárico, hebreo y tigrinya. Semita es aquel que hable cualquiera de estos idiomas.

Las causas son variadas y confusas, pues han variado a través del tiempo. Las tres principales causas se dividen en: religiosas, económico-sociales y étnicas. 

Antigüedad y Edad Media
Al inicio de su historia, fueron una mezcla de diferentes pueblos semíticos, que cesaron a medida que se impusieron las prescripciones religiosas. Los judíos han vivido por siglos fuera del territorio de origen, sin lograr establecerse en un lugar fijo ni integrarse en la sociedad. 
En la Biblia se nos describe cuando Jacob se establece con su familia en Egipto. Dos siglos después, la descendencia de Jacob crece, para desconfianza del faraón. En más de doscientos años de convivencia con el pueblo egipcio, los judíos no se habían mezclado con ellos.

En Grecia y Roma se les aceptaba como extranjeros. Manetón, sacerdote egipcio, fue un precursor del antijudaísmo en la Antigüedad.  En el siglo III a.C Manetón escribió que los judíos eran descendientes de los leprosos expulsados de Egipto. También escribió que Moisés les había enseñado a "no adorar a los dioses". El desprecio de algunos gobernantes o habitantes romanos estaba motivado más por razones sociales o políticas que por religión. El Imperio Romano se había mantenido tolerante con las religiones de los pueblos dominados.

En la Edad Medieval, los cristianos reconocían las raíces judías de su religión, pero consideraban que su fe sustituía el judaísmo. Pero los judíos se negaron a reconocer a Jesús como Hijo de Dios. Los ataques a judíos por parte de los residentes locales eran comunes en muchas regiones. Llegado el siglo XV, habían sido expulsados de Alemania, Francia e Inglaterra, pero en España y Portugal aun gozaban de cierto privilegio, donde se convirtieron en prestamistas. Dado que no podían poseer tierras, desarrollaron una gran habilidad en los asuntos financieros. 



A fines del siglo XV fueron expulsados de España y Portugal, por lo que muchos se refugiaron en Holanda, Polonia y Turquía, mientras que otros tantos pretendieron escapar del peligro de la Inquisición instalándose en África o en América.

Antisemitismo en edad contemporánea
El francés Joseph Arthur de Gobineau escribe una teoría acerca de la superioridad de la raza aria. Describe al hombre ario, de origen nórdico germánico, y establecía que la mezcla de la raza aria con razas inferiores producía decadencia. Houston Chamberlain publicó el libro "Los Fundamentos del Siglo XIX", el cual ensalzaba la raza germana. Consideraba que "los judíos son maestros de la intolerancia, del fanatismo de la religión y del asesinato por religión, y apelan a la paciencia cuando se sienten muy oprimidos"El historiador Theodor Momsen decía: «Los judíos constituyen hoy día en Alemania el elemento de descomposición de nuestros clanes, como lo fueron anteriormente en el Imperio romano». En 1903 aparecen los Protocolos de los Sabios de Sion, un escrito que acusa a los judíos de planear una conspiración para dominar el mundo. El francés René Gantier sostiene que la raza judía deriva de las razas negra y amarilla. Jörg Lanz fue un monje austriaco que glorificaba la raza aria, describiendo a las "razas inferiores" como el producto de la relación entre Eva y un demonio.

Las Leyes de Núremberg en 1935 fueron el comienzo de la discriminación y persecución de los judíos en la Alemania nazi. Pretendían evitar la mezcla racial entre judíos y alemanes, condenando el matrimonio o la relación extramatrimonial. 

Adolf Eichmann, responsable directo de la Solución Final, pronunció la frase: «Daré saltos de alegría en la tumba, ya que el sentimiento de tener cinco millones de judíos sobre la conciencia es extraordinariamente tranquilizador», aunque tiempo después dijo que judíos no era la palabra, sino enemigos del Reich.

Motivos religiosos
En el primer milenio de la era cristiana persistió la creencia de que los judíos fueron los responsables de la crucifixión de Cristo. Consideraban que su castigo por el deicidio y el rechazo a convertirse a la fe cristiana era andar por el mundo sin poder asentarse en un sitio. En la Edad Media predominaban esta clase de ideas. Por ejemplo, se decía que los judíos robaban hostias consagradas a fin de profanarlas. Otra de las graves acusaciones fue la del libelo de la sangre, que hacia referencia a los crimenes realizados por judíos en los que empleaban sangre humana. Una de las difamaciones más atroces contra judíos fue la del secuestro de niños cristianos a los que crucificaban. El anti-judaísmo no fue exclusivo de los católicos, pues el mismo Lutero propuso una serie de medidas contra los judíos, como el quemar sus sinagogas, confiscar sus libros y expulsarlos.

Al conocerse los horrores del Holocausto, se realizó la Declaración Nostra Aetate en 1965, que proclama: «Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores urdieron la muerte de Cristo, las cosas que se llevaron a cabo en su Pasión no se pueden imputar indistintamente a todos los judíos que entonces vivían ni a los judíos de nuestro tiempo».

Motivos sociales y económicos 
A finales del siglo XIX surgieron cambios en Europa que afectaron la religión en el mundo occidental. Los europeos empezaron a abrazarse a la filosofía y la ciencia para encontrar respuesta a las interrogantes del hombre. Ni los adelantos en la ciencia ni el hecho de que hubiera judíos entre aquellos intelectuales supuso el fin del anti-judaísmo. Después de siglos de anti-judaísmo religioso, ahora era preciso que el prejuicio tuviera una base científica. A mediados del siglo XIX, la ciencia aportó "evidencia" acerca de la superioridad racial, afirmándose que los judíos (entre otros, como los gitanos) eran biológicamente inferiores.


El antisemitismo nazi tuvo sus bases en el anti-judaísmo medieval y en las propias ideas de Lutero, quien en 1542 publicó un libelo intitulado Contra los Judíos y sus Mentiras, acusándolos de ser usureros y ajenos a la nación germana. El odio por los judíos, sin tomar en cuenta las creencias religiosas, se debía también a que eran considerados extranjeros, sin derecho a poseer nada. 

En 1793, Johann Fichte afirmó que era necesaria la expulsión de los judíos como un medio de protección para Alemania y propuso una medida siniestra relacionada con la Solución Final de Hitler.

En Alemania no existía una conciencia nacional como en otros país, por lo que se buscó una identidad propia. En el ideal formulado los alemanes, basado en la superioridad de la raza nórdica, ideal donde los grupos minoritarios, como los judíos, no tenían cabida. Pero al estallar la Primera Guerra Mundial, fue preciso un ambiente de unión nacional para hacer frente a la guerra. El antisemitismo se suavizó en esta época.

Cuando se perdió la esperanza de ganar el conflicto, decayó la unión nacional y se intensificó la tensión social. Como tantas veces, los judíos fueron elegidos como chivos expiatorios, aun cuando habían participado en el frente. En 1920 se fundó el Partido Obrero Alemán, que posteriormente se convirtió en el Partido Nazi. Al termino de la Primera Guerra Mundial, Alemania entró en crisis, pues el Tratado de Versalles obligaba a los vencidos a someterse a unas condiciones humillantes. La crisis económica provocó que muchos alemanes quebraran. Fue entonces cuando se empezó a acusar a los judíos de aprovecharse de la crisis.




Bibliografía 
Sobejano, M. (1991). Antisemitismo. Diciembre 2016, de Mercaba Sitio web: http://www.mercaba.org

Sanderson, N.. (2004). El origen del anti-judaísmo, anti-semitismo y anti-sionismo. Diciembre 2016, de Puentes para la paz Sitio web: http://web1.bridgesforpeace.com/

http://jinuj.net/articulos/210/shoa.causasantisemitnazi.t.html

6 dic 2016

Navidad en la Edad Media

Durante la Edad Media, las tradiciones cristianas adquirieron mayor sentido espiritual. Las fiestas navideñas fueron enriquecidas por una gran cantidad de manifestaciones sociales, artísticas y gastronómicas. Entre los siglos IV y VI se estableció el período de Adviento (en latín, adventus, venida), una fase de preparación espiritual para el nacimiento de Jesús, en la que se practicaban oraciones y penitencias. La duración variaba, entre tres y seis semanas. 


Transcurrido el período de Adviento, llegaban las primeras fiestas de la época navideña: Nochebuena y Navidad. Tras el banquete del 24, se acudía a la Iglesia a medianoche para celebrar la Misa del Gallo, la cual se popularizó en toda Europa hasta el siglo VIII d.C. Su nombre se debe a una leyenda acerca de un ave que pasaba la noche en la gruta de la Natividad, siendo la primera en contemplar el nacimiento de Jesús y anunciarlo. El ave anunciaba con su canto el nacimiento del Mesías. En la misa, su canto solía ser imitado por un niño del coro o se traía un ave. 

La Nochebuena no sólo era oración y solemnidad, sino también alegría entre el pueblo, entonando cantos y tocando instrumentos. La festividad alcanzó tal aceptación que incluso se extendió a otras religiones, como la musulmana. Carlomagno escogió el día de Navidad para su coronación, una decisión imitada por otros gobernantes. Guillermo el Conquistador es otro notable ejemplo. Elegían tal día por su simbolismo religioso, pues siendo una época en la que se consideraba que el derecho a gobernar provenía de un mandato divino, era relevante que la coronación fuera en Navidad. 

Coronación de Carlomagno


El belén 
El origen del belén se encuentra en Italia. Cuentan los evangelios que al nacer, Jesús fue recostado en un pesebre. En el siglo VII, el papa Teodoro recibió los restos del pesebre del Niño Jesús, el cual fue colocado en la Basílica de Santa María la Mayor. Desde ese momento, el pesebre se convirtió en un elemento esencial de las festividades navideñas. 


Ya en el siglo X se representaban episodios bíblicos del Nacimiento de Jesús, pero con el tiempo fueron adquiriendo complejidad. En el siglo XII, nació en Toledo el Auto de los Reyes Magos, una obra que incluye tres monólogos de los Reyes Magos en los que se habla de la aparición de la estrella. La obra concluye con la adoración de los Reyes en el portal de Belén. 

Tales representaciones se montaban en diferentes parroquias, con una alegría que en ocasiones daba lugar a abusos, pues algunas solían terminar en mofas. El papa Inocencio III prohibió en 1207 las escenificaciones dentro de los recintos sagrados. A partir de ese momento, los actores fueron sustituidos por figuras que representaran las escenas. Según la tradición, fue Francisco de Asís quien realizó el primer belén en una cueva cercana a Greccio. 

Fue así como, en el siglo XIII, cuando se inició la elaboración de figuras de terracota o cera para los belenes tanto en casas como templos, la tradición se extendió por Europa. Hasta la Baja Edad Media persistió la variante de origen bizantino de la Virgen acompañada por dos comadronas. Después, en el siglo XIV, la Virgen aparece sin comadronas, pues se impone la idea del parto sin dolor. El belén se convirtió en un elemento de predicación, en cuya difusión tomaron parte los Franciscanos y Clarisas. Los belenes debieron nacer en el siglo XV, al menos de la forma en que los conocemos en la actualidad.



Fuentes:
Rodríguez, E.. (2016). Navidad a través del tiempo. Diciembre de 2016, de Academia Sitio web: http://www.academia.edu/

http://www.agenciaelvigia.com.ar/
https://www.aciprensa.com

1 dic 2016

La expulsión de los judíos (1492)



La actividad inquisitorial del Santo Oficio pretendía verificar las acusaciones hechas contra cristianos nuevos, avivándose así, la polémica en torno  a los judeoconversos. La expulsión venía a ser considerada como una medida necesaria para sofocar el criptojudaísmo. Hubo hechos que propiciaron un clima antijudío, dando impulso al posterior edicto de expulsión, como el caso del Santo Niño de la Guardia.

Decreto
Tres grandes religiones convivían en la península iberica: el cristianismo, el judaísmo y el islam. La tolerancia religiosa para los musulmanes no duraría mucho, pero acabó para los judíos el 31 de marzo de 1492, cuando los Reyes Católicos firmaron el edicto de expulsión de los judíos, pudiendo permanecer en el reino con la condición de que renunciaran a su fe. Hasta hace algunos años, los judíos podían regirse por sus propias leyes y conservar sus prácticas religiosas, pero viviendo en barrios separados y portando insignias que los identificaran como tal.

Se ha comentado que el fin de la expulsión consistía en apropiarse de los bienes de los judíos, algo que no tiene sentido, pues a la Corona le convenía más (en el aspecto económico) que los judíos se quedaran en Castilla generando ingresos, a quedarse solamente con los despojos que dejaron tras la expulsión. Los judíos no fueron desterrados antes debido a que, durante la guerra de Granada, aportaron considerables apoyos económicos.


El decreto prohibía que los judíos sacaran oro, plata, moneda acuñada, armas y caballos. Debido a ello, se indicaba que los judíos podían transformar todas sus fortunas en letras de cambio, con ganancia para los banqueros internacionales. Se les dio un plazo de cuatro meses para liquidar sus bienes y abandonar el reino. La única forma de salvarse del exilio era la conversión, pero muchos judíos eran conscientes de que como conversos no estarían a salvo, pues quedarían bajo la jurisdicción de la Inquisición. Personas como Abraham Seneor y su yerno Mayr Malamed, se bautizaron siendo apadrinados por los propios reyes.

Hubo cristianos que se aprovecharon maliciosamente de la liquidación de inmuebles de los judíos. Pero también hubo casos como el del municipio de Vitoria, que recibió el cementerio judío y se comprometió a preservarlo.

Salida
En versión de Azcona, que distorsiona los números a la baja, existían en el momento de la expulsión 216 aljamas, en las que residían entre 14.400 familias como mínimo y 15.300 como máximo, y llega a establecer la población judía en Castilla y León, en suma aproximada de 100.000 habitantes. 

García Cárcel y Moreno Martín, nos proporcionan un resumen de las valoraciones dadas por los propios expulsos, y cronistas: Abraham Zacuto: 200.000 judíos; Ibn Verga, 300.000; Abravanel: 300.000; Aboab: 400.000 y Cardoso: 400.000, pero que otros incluso han llegado a cifras inverosímiles, como los que apuntan 800.000 expulsados. Esta última cifra es aún inferior a la que exageradamente consigna Martín Carramolino en su Historia de Ávila, que hace figurar la desorbitada cifra de “854 957 personas”.  Son más sensatas, aunque no reales, las cifras dadas por Joseph Pérez. Estima que en 1492, debían de existir en España en torno a los 200.000 judíos, de los que asigna a Castilla, 150.000 y 50.000 en la Corona de Aragón, lo que representaba respectivamente, el 4% de la población.  Las últimas cifras que proporciona Luis Suárez ha estimado que de ningún modo sobrepasaron los judíos afectados por el decreto, las 100.000 almas.

En cuanto a la salida de los judíos, los reyes si se preocuparon por conseguir que se llevase a cabo de manera tranquila. La mayoría de los judíos de Castilla se refugiaron en Portugal y otros en Marruecos, mientras que los judíos de Aragón lo hicieron en Navarra, en el África, Italia y en el Imperio Otomano. 

Hubo judíos que no retornaron nunca al reino, en cambio otros volvieron para recibir el sacramento y así poder permanecer en la tierra de sus ancestros. Esta medida no hizo más que empeorar el problema de los conversos, pues con la expulsión aumentó el número de judeoconversos que no deseaban abandonar sus bienes, cristianos nuevos que no se libraron de las sospechas de los cristianos viejos. Muchos de ellos fueron sometidos a abusos y vejaciones. Los expolios cometidos contra los exiliados obligaron a los reyes a implementar medidas de seguridad para las caravanas de judíos, otorgándoles escoltas durante la partida. Son conocidos los casos dados a su paso por la villa de Fresno de los Ajos, lugar de descanso de algunas caravanas de hebreos en marcha hacia Portugal, a los que exigían doce maravedíes por familia y medio real por persona particular, y cuatro reales y medio por persona.

El mismo año de promulgarse el decreto, ya en 10 de noviembre y desde Barcelona, los reyes emiten una carta de amparo a favor de los judíos, que desde Portugal deseasen retornar a los reinos “seyendo primeramente tornados cristianos”, y recibiendo “agua de Spíritu Santo”, en Badajoz, Ciudad Rodrigo o Zamora, según por donde entraren a Castilla. Se determina que, a su bautismo, acuda al obispo o provisor, y el corregidor o alcalde de dichas ciudades, debiendo aportar estos judíos testimonios de haber sido bautizados en dichas localidades o en Portugal. También se acuerda les sean devueltos los bienes que habían vendido al tiempo de su marcha, tornando a los compradores las cuantías que recibieron por tales bienes y los mejoramientos en ellos realizados.

Causas
Como ya se ha mencionado anteriormente, Fernando e Isabel no eran antisemitas. Eran muchos los judíos que ostentaban cargos importantes en la corte. La propia reina recurrió a un médico judío en lo que respecta a sus embarazos. Por eso no es aventurado afirmar que la expulsión no estaba motivada por el racismo. De haber sido el racismo la causa de la expulsión, se habrían tomado acciones en contra de los judeoconversos y musulmanes. 

a) Motivos religiosos: El deseo de los reyes de conseguir la unificación religiosa en sus reinos. Se sabe que la Iglesia celebró al conocer la noticia de la expulsión. La explicación más razonable parece ser la intención de cortar las relaciones entre los cristianos nuevos y los judíos. 

b) Motivos económicos: No se puede negar que los judíos y conversos sobresalían en las finanzas. Abarcaban todo tipo de empresas y negocios. Eran también, prestamistas regios, no solamente a los reyes para sus necesidades privadas, sino para cuestiones del Tesoro Público y de financiación de campañas militares. Pero, como ya se ha mencionado, la expulsión no se produjo por motivos económicos o por codicia de los soberanos. Al contrario, la economía se vio perjudicada. Con la expulsión se redujo la extensa nómina de contribuyentes.

c) Presión popular: Entre las causas se ha considerado la aversión de la población por la comunidad judía. Caro Baraja alude a la existencia de cuatro clases de argumentos o motivaciones antijudías que despertaban hacia los hebreos el odio de los cristianos, a fines de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, como eran los de carácter religioso (deicidio), económico (usura), psicológico (inteligencia práctica y soberbia). No puede descartarse la existencia de una presión popular. Anotamos, para dar respuesta, lo que al respecto comenta Caro Baroja: “La iglesia, de una manera u otra, recordaba de continuo el estigma del Deicidio. Lo demás venía como secuela o consecuencia moral”. Y pone un ilustrativo ejemplo: A comienzos del siglo XIV, los judíos de Segovia “pagaban como tributo a sus señores treinta dineros en oro por cabeza, cantidad simbólica que venia a rememorar los treinta dineros que dieron a Judas por Jesucristo”.

d) Usura y envidia: Fueron, en gran parte, la carga emocional en que se alimentó el rencor del cristiano hacia el judío. Las envidias sociales hacia aquellas florecientes comunidades hebreas.  




Bibliografía
Rábade Obrado, María del PILAR. (2004). Cristianos Nuevos. Diciembre de 2016, de SOEEM Sitio web: http://www.medievalistas.es/ 

Belmonte, J. Leseduarte, P.. (2007). La expulsión de los judíos. Bilbao: Ediciones Beta.