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13 dic 2022

Margarita de Austria



Nacida el 10 de enero del año 1480, en Bruselas. Fue hija del archiduque Maximiliano de Austria (más tarde Sacro Emperador Romano) y de María de Borgoña. Fue bautizada en la catedral de Santa Gúdula, nombrada como su abuelastra, Margarita de York.

Primeros años
El 27 de marzo de 1482 murió María de Borgoña debido a un accidente de caballo. En ese mismo año, el 23 de diciembre, se firmó el Tratado de Arras entre Maximiliano de Austria y Luis XI de Francia. Se acordó el compromiso de la archiduquesa Margarita con el delfín Carlos (futuro Carlos VIII). Al siguiente año, Margarita abandonó su hogar para ser educada en Francia. Su formación quedó bajo la tutela de Ana de Beaujeu, una dama formidable e inteligente que ejerció como regente durante la minoría de edad de su hermano. En su corte se criaron otras niñas aristócratas, como Luisa de Saboya. 

Margarita de Austria con su hermano, Felipe

Sin embargo, las circunstancias políticas cambiaron en 1488, cuando una niña de nombre Ana heredó el ducado de Bretaña. Este territorio había causado problemas a Francia en el pasado y se temía que el ducado cayera en manos de algún enemigo. Maximiliano de Austria, ahora Rey de Romanos, intentó casarse con Ana de Bretaña. Por su parte, la duquesa veía la necesidad de esta unión, a fin de que Maximiliano la protegiera ante las pretensiones de Francia. Se casaron por poderes en diciembre de 1490. Pero la regente Ana de Beaujeu convenció a Carlos VIII de que repudiará su compromiso con la archiduquesa y buscará un enlace con la duquesa de Bretaña. En 1491, Francia invadió Bretaña, obligando a la duquesa a casarse con Carlos, anulando la unión con Maximiliano.

Margarita de Austria, de Jean Hey

Margarita fue enviada al castillo de Melun, donde permaneció dos años en soledad y abandono. Escribió una carta a la regente, Ana de Beaujeu, solicitando que no alejen a su amiga (cuyo nombre se desconoce):
Mi señora y querida tía: 
Siento que puedo protestar ante vos como ante quien deposito alguna esperanza en relación a mi prima, a quien desean apartar de mí, es todo lo que me queda del pasado y cuando la haya perdido no sé que podría hacer. Por tanto os ruego que extendáis vuestra mano para que ella no sea alejada de mí por el gran sufrimiento que ello me produciría.
Fue hasta 1493, con la firma del tratado de Senlis, cuando Margarita pudo regresar con su familia. Maximiliano renunció a sus pretensiones sobre el ducado de Borgoña y Francia devolvió la dote de Margarita (que incluía el Franco-Condado, Artois, Charolais, y Noyers). Margarita pasó los siguientes años perfeccionando su educación y formando parte de las fiestas en la corte de su hermano, Felipe de Austria.

Princesa de Asturias y Gerona
Ante el creciente poder de Francia, Maximiliano y los Reyes Católicos se unieron ante un enemigo común. Se arregló una alianza doble: Margarita se casaría con el príncipe Juan, heredero de Isabel y Fernando; Felipe tomaría como esposa a la infanta Juana. Se acordó que ninguna de las novias llevaría dote, aunque recibirían un generoso estipendio de sus futuros esposos. El 5 de noviembre de 1495 tuvo lugar la boda por poderes entre Margarita y Juan.

Retrato de Felipe de Austria y Margarita, de Pieter van Coninxloo

Margarita partió a España a inicios de 1497. La misma flota que llevó a la infanta Juana a Países Bajos, conduciría a la archiduquesa a los reinos hispánicos. Fue un viaje difícil debido al mal tiempo. La tormenta estuvo a punto de hundir el barco. Se cuenta que Margarita escribió un mensaje, en caso de morir en el viaje:

Aquí yace Margarita
¡Infeliz ella!
pues, dos veces casada,
murió doncella

El 6 de marzo, llegó sana y salva a Santander. El casamiento tuvo lugar en abril en Burgos. Margarita causó una gran impresión en la corte castellana. Pedro Mártir de Anglería comparó su belleza con la de Venus. El mismo cronista hace referencia a la reacción que Margarita provocó en el príncipe: "Tan pronto como transcurren los días santos, nuestro mancebo, que arde en amor, consigue suplicante de sus padres que se le franquee el lecho conyugal". Su suegra, la reina Isabel, la colmó de regalos. Una fila de 120 mulas cargaban los presentes: vajillas, telas preciosas, vestidos, joyas, zapatos, abrigos, perfumes e instrumentos musicales. Las damas de su cortejo recibieron "360 varas de telas de seda para vestidos". 

El 13 de junio, los reyes y los príncipes se encontraban en Medina del Campo. Desde este lugar, Pedro Mártir de Anglería escribió al cardenal de Santa Cruz:
Preso en el amor de la doncella, ya está demasiado pálido nuestro joven príncipe. Los médicos, juntamente con el rey, aconsejan a la reina que alguna vez que otra aparte a Margarita del lado del príncipe, que los separe y les de treguas alegando que la cópula tan frecuente constituye un peligro para el príncipe, una y otra vez la ponen sobre aviso para que observe cómo se va quedando chupado y la tristeza de su porte; y anuncian a la reina que, a juicio suyo, se le pueden reblandecer las médulas y debilitar el estómago [...] Responde la reina que no es conveniente que los hombres separen a quienes Dios unió con el vínculo conyugal.
La lozanía de Margarita contrastaba con la fragilidad de su marido. Mientras los Reyes Católicos se encontraban en los festejos por el matrimonio de su hija mayor, Isabel de Aragón, con el rey de Portugal, recibieron la noticia de que Juan estaba enfermo. El rey Fernando viajó hasta Salamanca, donde se encontraban los príncipes. Cuando llegó, se encontró con que su hijo estaba agonizando; Juan de Aragón falleció el 4 de octubre. Dejó embarazada a su esposa, quien dio a luz a una niña que nació muerta. No volvió a concebir. Así terminó el breve y apasionado matrimonio de Margarita.

Maximiliano quería que su hija regresará a casa, mientras que Isabel y Fernando estaban interesados en que permaneciera en España. Temían que Margarita fuera casada con el nuevo rey de Francia, Luis XII. Además, Maximiliano no podía costear el viaje de regreso de manera que fuera seguro (cruzar por Francia no era opción). De esta manera, Margarita permaneció en España dos años más. Durante ese tiempo aprendió castellano. Un viajero informó que la escuchó hablar en un "español excelente" con el cardenal de Aragón, durante una visita de este en 1517. La reina de Inglaterra, Elizabeth de York, y su suegra, Margaret Beaufort, enviaron cartas pidiendo que Catalina aprendiera francés de su cuñada Margarita. 

Margarita partió de España a inicios de 1499. Su padre se encontraba en buenos términos con Luis XII, así que el viaje se hizo por tierra. La archiduquesa llegó a Gante el 4 de marzo de 1500. Poco después, el 24 de febrero, Juana dio a luz al futuro emperador Carlos V. Margarita actuó como madrina, junto con Margarita de York. 

Duquesa de Saboya
Margarita no estaba demasiado entusiasmada con un nuevo matrimonio, aunque expresó predilección por Filiberto de Saboya. El contrato de esponsales se firmó el 26 de septiembre de 1501. El archiduque Felipe le otorgó una dote de 300.000 monedas de oro, a cambio, Margarita tuvo que renunciar a su herencia materna. Tras haber estado destinada a ser reina de Francia y después reina de España, ahora se hallaba convertida en duquesa. Partió de Bruselas el 21 de octubre de 1501. 

En Bourg en Bresse, los duques fueron recibidos con júbilo. Margarita portaba la corona ducal sobre sus cabellos rubios. En los bordes de su vestido de terciopelo escarlata se habían bordado las armas de Saboya y las de Borgoña.

Margarita, como hábil política, fue mermando la influencia del medio hermano de su esposo, René. Consiguió que sus bienes fueran confiscados y que su acta de legitimación fuera revocada. Margarita era respetada por su marido y querida por la familia de este. Lamentablemente, Margarita volvió a adoptar el luto. Filiberto falleció el 10 de septiembre de 1504. Se dice que la duquesa estaba tan desconsolada que intentó arrojarse por una ventana. 


Regente de los Países Bajos
Felipe de Austria falleció en 1506. No solo era necesario que alguien se hiciera cargo del gobierno de Países Bajos, sino también de la tutela de los hijos de Juana y Felipe. En julio de 1507, Margarita entró a Malinas como gobernadora y regente en nombre de su sobrino Carlos. No era fácil gobernar Flandes, ya que no se trataba de un país homogéneo, sino un conjunto de diecisiete provincias.

La archiduquesa estableció su corte en Malinas, un lugar agradable que transformó en un verdadero centro cultural. La regente fue una destacada mecenas de las artes y reunió una amplia colección de pinturas y manuscritos. Erasmo fue una de tantas figuras excepcionales que residió en su corte. Era el ambiente apropiado para que sus sobrinos crecieran. Margarita no tuvo hijos propios, pero fue una verdadera madre para Carlos y sus hermanas. No solo cuidaba y supervisaba la educación de sus sobrinos. También recibía a distintos jóvenes en su corte. Una de esas jóvenes fue Ana Bolena, quien más tarde sería reina de Inglaterra.

Margarita era una gobernadora competente y con buen juicio. Tuvo una extensa correspondencia con su padre, por lo cual se mantenían informados uno al otro. Su encanto y diplomacia fueron de gran ayuda en su gobierno. Ella representaba la voz de la razón y la concordia. Recibía cartas de Francia, España e Inglaterra solicitando su intervención. Mantenía relaciones cordiales con este último país, incluso hubo rumores de que Margarita se casaría con el favorito de Enrique VIII, Charles Brandon. A sus treinta y cinco años, Margarita seguía siendo una mujer hermosa, elegante y de modales encantadores. 

Margarita se mostró preocupada por el futuro de sus sobrinas. Cuando María e Isabel escribieron a su tía para expresarle sus inquietudes respecto a sus matrimonios, Margarita transmitía estas quejas a su padre. El emperador respondió: "Escribís  que vuestras sobrinas e hijas Isabel y María han  sido mal servidas en sus matrimonios, lo cual nos  ha producido gran sorpresa ya que habíamos creído  y trabajado en estos matrimonios con Hungría y Dinamarca desde hace tiempo… Me gustaría saber  en qué y cuándo nos equivocamos…". Para el emperador, los sentimientos de sus nietas no eran tomados en cuenta. Margarita se opuso a la posible boda entre Leonor y el rey de Polonia o el de Francia, debido a la diferencia de edad. Tampoco estuvo muy de acuerdo con el enlace entre Isabel y el rey de Dinamarca.

En 1514, los Estados Generales le recordaron a Maximiliano que Carlos pronto cumpliría los quince años y propusieron cesar la regencia de Margarita. El emperador estuvo de acuerdo e hizo arreglos con el asesor de Carlos, Guillermo de Croy, señor de Chievres. Este hombre era hostil a Margarita y su política se inclinaba por Francia. El 8 de enero de 1515, Carlos pronunció un discurso en el que ni siquiera mencionó a su tía, quien había ejercido como regente durante ocho años. Margarita tuvo que soportar la ingratitud tanto de Carlos como de su padre. Para colmo, fue acusada de avaricia y lucro personal. El 20 de agosto de  1516, Margarita escribió un memorando en defensa  de su gobierno y administración, probando que no había gastado el dinero de su sobrino. Carlos reconoció públicamente que su tía no era culpable de ningún cargo de mala administración. 

Carlos de Austria partió hacia España en 1517. Ahora con más deberes encima, el joven monarca se dio cuenta de cuánto necesitaba a su tía. En julio de 1518, Carlos publicó un edicto en el que reconoce el buen gobierno de Margarita durante su minoría de edad, suplicando que continúe haciéndolo como antaño. La archiduquesa también intervino en conspiraciones que aseguraran el trono imperial a su sobrino. Con diálogo y sobornos, Carlos consiguió ceñirse la corona imperial en 1520.

La Paz de las Damas
El 24 de febrero de 1525 tuvo lugar la batalla de Pavía entre las tropas de Carlos V y las de Francisco I de Francia. Fue una victoria para el Imperio, pues además el rey de Francia había caído prisionero. En enero de 1526 se llegó a un acuerdo; Francisco se casaría con la hermana mayor del emperador, Leonor, quien aportaría una dote de 200.000 coronas de oro y las tierras de Maçon, Auxierre y Bar sur Seine.El rey francés renunciaría a todo derecho sobre Nápoles, Génova, Milán y Asti. También al ducado de Borgoña, que Carlos consideraba su legítima herencia. Como garantía, Francisco debía enviar a sus dos hijos como rehenes. Sin embargo, el rey francés no tenía intención de cumplir con el acuerdo. Las guerras entre el emperador y Francisco resultaban desgastantes para sus respectivos países. Y ninguno de ellos parecía llegar a un entendimiento. Es entonces cuando intervienen dos damas: Margarita de Austria y Luisa de Saboya, madre de Francisco I.

Luisa envió a su secretario, Gilberto Bayard, a la corte de Malinas. Más tarde Luisa envió la propuesta por parte de Francia y Margarita la comunicó al emperador.

La Paz de Cambrai representada por Francisco Jover y Casanova

Se reunieron el 5 de agosto de 1529 en Cambrai. Mediante el acuerdo al que llegaron, Carlos debía renunciar al ducado de Borgoña y Francisco a Milán, Génova, Nápoles y al vasallaje de Artois y Flandes. El rescate de los hijos de Francisco I se fijó en dos millones de escudos de oro. Y contraería matrimonio con Leonor de Austria. 

Últimos años
Después de tantos años de gobierno, Margarita ya se mostraba cansada. En 1527, escribió a la superiora de un convento en Brujas, anunciando su intención de ingresar. El 15 de noviembre de 1530, la regente no se encontraba bien. Ese día, Margarita se cortó el pie con un trozo de vidrio. Parecía un corte superficial, pero luego se infectó y se habló de cortarle la pierna. El 30 de noviembre, con el fin de operarla, le suministraron una dosis de opio. Fue una cantidad tan grande que ya no despertó.


Antes de morir, Margarita redactó una carta en la que nombra heredero universal a su sobrino Carlos y le recomienda que haga las paces con Francia e Inglaterra. Semanas más tarde, sus restos fueron llevados a la iglesia de San Pedro y San Pablo. Su protegido, el humanista Cornelio Agrippa, leyó el sermón durante la misa. La muerte de la archiduquesa afectó el ánimo del emperador, quien ahora se veía privado de quien no solo fue su mejor consejera, sino también lo más cercano a una madre. Hasta dos después, sus restos fueron llevados al mausoleo de Brou, encargado por ella misma años antes. Fue sepultada junto al duque de Saboya.


Fuentes
García García, Bernardo J. «Margarita de Austria» en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico, https://dbe.rah.es/biografias/11268/margarita-de-austria

Márquez de la Plata, Vicenta (2019) Las damas más inteligentes del siglo XVI. Casiopea. Disponible: https://es.scribd.com/book/401304699/Las-damas-mas-inteligentes-del-siglo-XVI

Pérez Priego, M. (2014) "Historia y literatura en torno al príncipe D. Juan, la «Representación sobre el poder del Amor» de Juan del Encina", Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Disponible: https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmctt6f4

Tupu Ylä-Anttila (2019), "Habsburg female regents in the early 16th century". Doctoral dissertation, University of Helsinki. Disponible: https://helda.helsinki.fi/bitstream/handle/10138/307398/HABSBURG.pdf?sequence=1&isAllowed=y


8 dic 2020

Catalina de Austria, reina de Portugal

De Domingo Carvalho, Museo del Prado.

Nacimiento y primeros años
El 14 de enero de 1507, en Torquemada, la reina Juana de Castilla dio a luz a una hija póstuma de Felipe de Austria. Su madre se puso de parto durante el camino a Granada, donde darían sepultura a Felipe. El cortejo nunca llegó a Granada, pues Juana fue recluida en Tordesillas.

La infancia de Catalina fue dura. Durante los primeros años de reclusión, Juana estuvo bajo la rígida supervisión de Luis Ferrer, incluso sometida a maltrato corporal por parte de este. La reina solo contaba con dos damas de compañía. Vivía en una cámara sin ventanas, así que ni ella ni Catalina podían ver el exterior; tiempo después, se hizo una abertura en la pared para que entrase la luz y el aire. Nadie se preocupó por mandar profesores a la infanta. Sin embargo, el aislamiento no impidió que recibiera la educación digna de una princesa, pues hablaba latín y poseía talento para la música. Hay que recordar que su madre (posiblemente, su única preceptora) se crió en la corte humanística de los Reyes Católicos.

En julio de 1516, el cardenal Cisneros escribió a Carlos a través de Diego López de Ayala para que pidiese que "...doña Beatriz de Mendoza, hija de doña María de Bazán, sea recibida al servicio de la señora Infanta Catalina [...] porque tiene necesidad de más compañía...". Al parecer, a Carlos no le importó la situación de su hermana menor, pues la súplica no fue atendida. Además, Tordesillas no era sitio adecuado para alojar a una hipotética niña de la nobleza.

Obra de Francisco Pradilla y Ortiz, representa a Juana I encerrada en Tordesillas, junto con su hija, Museo del Prado.

En 1517, Carlos y Leonor llegaron a Castilla, donde se reunirían con una madre a la que no veían en once años. También conocieron a su hermana de diez años. La niña no vestía de acuerdo a su rango de infanta y archiduquesa. Lucía una simple falda plisada de color negro, una chamarra de cuero y su tocado era un pañuelo blanco. Fernández Álvarez la describe como una niña "de aspecto gracioso y dulce, con hermosos cabellos rubios —como casi todos los príncipes de la Casa de Austria—, iba vestida de tal modo que al ver su porte nadie la tomaría como una de las nietas de los Reyes Católicos".

Después de la visita de sus hermanos, Catalina fue sacada de Tordesillas. Una noche, los servidores de Carlos hicieron un hueco en la pared y se la llevaron a escondidas. Fue llevada a Valladolid y alojada en la casa de Leonor. El cronista Laurent Vital narra:

"Con la llegada de esa gentil princesa toda la Corte se sintió muy alegre. La vi entrar e ir al cuarto de su hermana, por una galería, y la llevaba de la mano el señor de Traseignies, y la señora de Chièvres de la otra mano, y llevaba la cola de su vestido la señora de Beaumont...".

Su estancia en la Corte no duró mucho. Cuando Juana se percató de la ausencia de su hija, fue tal su disgusto que se negó a comer y enfermó. Carlos se vio obligado a devolver a la niña a Tordesillas, aunque intentó mejorar sus condiciones de vida. La misma infanta lamentó la tristeza de su madre y prefirió dejar atrás los lujos de la corte para regresar al encierro que siempre había conocido. La diferencia es que ahora contaba con cámara propia y compañía digna de su alcurnia. Tuvo entre sus pajes a dos futuros santos: Francisco de Borja, hijo del duque de Gandía, e Íñigo de Loyola, más tarde san Ignacio. Se dice que este último estaba enamorado de la infanta Catalina, pues en sus escritos confiesa que puso sus ojos en una dama de rango más alto que una condesa y duquesa.

Andreas Muñoz y Tacuara Casares en película "Ignacio de Loyola" (2016). Casares aparece en el reparto simplemente como "princesa Catalina", aunque por el contexto del filme se sobreentiende que es Catalina de Austria.

Sin embargo, la situación de la reina y su hija no mejoró con la llegada de Carlos. El segundo cuidador, Hernán Duque, fue nombrado por Cisneros; solo permaneció dos años en su cargo (durante ese período, Juana presentó una mejoría en su ánimo), pues fue destituido por Carlos. El joven rey designó como "cuidador" al marqués de Denia, quien sometió a maltratos y humillaciones a madre e hija. Las hijas del marqués lucían las joyas y prendas que el rey enviaba a Catalina.

En 1520 estalló el movimiento comunero. La entrevista entre Juana y los comuneros se produjo en septiembre, en la cual se le solicitó que asumiera el poder como reina propietaria de Castilla. Juana no se comprometió a nada ni parecía dispuesta a apartar a su hijo del gobierno. El movimiento fue derrotado, pero Carlos desconfió de Juana y Catalina. Le llegaron rumores de que su hermana apoyó a los comuneros. Los maliciosos marqueses de Denia escribieron a Carlos:
"...Escriba V.M. a la Señora Infanta mostrar algún sentimiento de lo pasado y poniéndola en razón por lo venidero..." 

Efectivamente, Carlos la amonestó. Él era de naturaleza desconfiada, incluso con su hermana de trece años. El 24 de septiembre de 1521, Catalina escribió una respuesta a su hermano:

"...ninguna necesidad había que V.M. me enviase a mandar esto, porque yo desde que nascí nunca cosa mía he procurado ni deseado (nada más que) lo que conviene a la Reyna, mi señora, y al servicio de V.A. y por esto las cosas de la Comunidad y sus liviandades nunca me parescieron bien...y las personas con quien yo trato son muy servidores de V.M. que no los que le han hecho tales informaciones tan apartadas de la verdad..."

Después del movimiento comunero, el marqués de Denia fue restituido; Juana y Catalina volvieron al cautiverio. La infanta informó a su hermano que su madre era encerrada en una cámara sin luz.

Reina de Portugal
Después de diecisiete años de encierro y penurias, la infanta sería colocada en el trono de Portugal. Se trataba de un enlace doble: Catalina con Juan III y Carlos con la hermana del monarca luso, Isabel. 


El matrimonio de Catalina se celebró por poderes el 18 de agosto de 1524. La dote quedó establecida en 200,000 doblas de oro castellano, pagaderas durante los tres años siguientes. Para la conformación de su guardarropa, se llevó a cabo un saqueo en la cámara de Juana, con la colaboración del marqués de Denia: plata para el servicio de la mesa y la capilla, ropa blanca, tapicería, camas, aderezos, así como una serie de libros y manuscritos iluminados. El 2 de enero de 1525, la infanta salió de Tordesillas. Muchos oficiales que servían a la reina Juana solicitaron su ingreso a la Casa de Catalina, con tal de abandonar el ambiente carcelario de Tordesillas. 

Laia Marull (Juana de Castilla) y Guiomar Puerta (Catalina de Austria), en serie Carlos Rey Emperador.

La nueva reina de Portugal fue escoltada a Badajoz por Juan Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia, Álvaro de Zúñiga, duque de Béjar, y el obispo de Sigüenza. En su nuevo país fue recibida con alegría. Fue alabada por "su celo religioso, su blandura en el trato, las muchas mercedes que hacía a sus vasallos y el agasajo y buena acogida que todos hallaban generalmente en ella por lo que fue siempre tan amada y venerada como si fuese madre particular de cada uno de ellos" (Crónica del muyto alto e muito poderoso Rey destos Reynos de Portugal, D. Joao o III deste nome, por Francisco de Andrade)El 5 de febrero de 1525 se celebraron las nupcias. Catalina fue tan fértil como su madre. Dio a luz nueve hijos, aunque solo dos llegaron a la edad adulta.
  1. Alfonso (24 de febrero de 1526-12 de abril de 1526).
  2. María Manuela (15 de octubre de 1527-12 de julio de 1545)
  3. Isabel (1529-1530).
  4. Beatriz (1530-1530).
  5. Manuel (1 de noviembre de 1531-14 de junio de 1537).
  6. Felipe (25 de mayo de 1533 - 29 de abril de 1539).
  7. Dionisio (26 de abril de 1535-1 de enero de 1537).
  8. Juan Manuel (3 de junio de 1537- 2 de enero 1554)
  9. Antonio (9 de marzo 1539-1540).
Incluso en una época de alta mortalidad infantil, la situación de los reyes portugueses era trágica y, desde el punto de vista dinástico, alarmante. Los hermanos del rey también murieron jóvenes: la emperatriz Isabel (1503-1539), Beatriz (1504-1538), Fernando (1507-1534), Alfonso (1509-1540) y Duarte (1515-1540). En este ambiente marcado por la tragedia y con la creciente religiosidad de los reyes, la corte fue perdiendo la alegría de antaño. 

Juan III, por Antonio Moro

Catalina desarrolló una importante labor social, especialmente con los pescadores lisboetas. Fundó el Colegio de Huérfanos de Lisboa. La corte portuguesa atraía a intelectuales y artistas, patrocinados por la reina, quien contaba con una gran biblioteca humanista. Tras el nacimiento del infante Juan Manuel, se celebró con una representación teatral llamada "Monólogo del Vaquero", de Gil Vicente. Tanto ella como su marido eran personas muy religiosas; mantuvo contacto con Ignacio de Loyola, Francisco Borja y fray Luis de Granada.

Durante su reinado, las posesiones portuguesas se extendieron por Asia y al Nuevo Mundo, a través de la colonización de Brasil. Los navegantes hicieron contacto con China, bajo la dinastía Ming, y Japón, durante el período Muromachi. El Imperio portugués llegó a ser tan extenso que se tornó difícil de administrar. Catalina fue una importante coleccionista de objetos y animales importados de las colonias. Muchos de ellos fueron enviados como regalos a sus parientes, como en 1551, cuando envió un elefante indio a sus sobrinos, María y Maximiliano de Austria.

Catalina fue una reina astuta y esto fue reconocido por su esposo, quien le otorgó bastante autoridad política. No respaldó ciegamente la política imperial de su hermano y, a menudo, tuvo que mediar entre él y su esposo, por ejemplo, en 1527, cuando Carlos refutó la soberanía portuguesa sobre las Islas Malucas.

María Manuela, Museo del Prado

Desde temprana edad, la infanta María Manuela fue contemplada como futura esposa de su primo, Felipe de Austria. Este proyecto era acariciado por Catalina y su cuñada, la emperatriz Isabel. Para el emperador Carlos, era una perspectiva interesante, pues cabía la posibilidad de que la corona portuguesa recayera sobre la infanta. Los portugueses, en cambio, eran cautelosos en cuanto a la independencia del reino y se inclinaban más por un matrimonio con el infante Luis, tío de María Manuela. La reina se opuso a esta unión y terminó convenciendo al rey Juan. En 1543, la infanta se casó con Felipe, príncipe de Asturias. Después de las fiestas por su boda, María Manuela viajó a Tordesillas, ese lúgubre sitio donde se crió su madre, para conocer a su abuela. En 1545, la princesa murió después de dar a luz a un hijo, Carlos.

Juan Manuel, por Antonio Moro

Ahora solo les quedaba un hijo, el príncipe Juan Manuel. En enero de 1552 se casó por poderes con su prima, Juana de Austria, quien llegó a Portugal a finales de ese año. Lamentablemente, los reyes vivirían para ver partir a todos sus hijos. El príncipe murió el 2 enero de 1554. Pero contaban con un consuelo: el embarazo de la princesa Juana. El 20 de enero, la joven dio a luz a un niño, Sebastián. Cuatro meses después, la princesa viuda fue nombrada regente de España, por lo que tuvo que abandonar Portugal y dejar a su hijo al cuidado de Catalina. 

Regencia
Una vez concluido el prolongado y doloroso capítulo de la maternidad, Catalina se dedicó a los asuntos estatales, asistida por el secretario Pêro de Alcáçova Carneiro. Su esposo, cada vez más enfermo, le fue delegando cada vez más responsabilidades. El 11 de junio de 1557, murió el rey Juan.

En 1556, Carlos regresó a Castilla acompañado por sus hermanas, Leonor y María, después de su abdicación el año pasado. Leonor había dejado en Portugal a la hija que tuvo con Manuel I, la infanta María. Esta joven era, por lo tanto, sobrina y cuñada de Catalina y hermana de Juan. Pero fueron los monarcas portuguesas las únicas figuras paternas que ella conoció. Ahora que Leonor estaba de vuelta, pretendía reunirse con su hija, a la que no veía en más de treinta años.


Catalina quedó a cargo de la regencia y la tutela de Sebastián. Con tal de evitar el enfrentamiento, Catalina aceptó ser asistida por su cuñado, Enrique, aunque esto no impidió las disputas. Juana de Austria también aspiraba a la regencia portuguesa durante la minoría de edad de su hijo. La princesa se creía con mayor derecho, por ser la madre del rey, pero el emperador era consciente del prestigio que había ganado su hermana en la corte portuguesa y no apoyó las pretensiones de su hija.

También tuvo que enfrentarse a problemas relacionados con los dominios ultramarinos. Para mantener intactas las posesiones portuguesas en el Norte de África, en 1562, Catalina ayudó a Rui de Sousa a defender de los moros el fuerte de Mazagón. A pesar de su lealtad al emperador, Catalina nunca sacrificó los intereses del trono luso en beneficio de la política de su hermano. No accedió cuando, en secreto, Carlos le propuso nombrar heredero de Portugal al príncipe Carlos, en caso de morir Sebastián. 

Últimos años
En 1562, consciente de las críticas a su gobierno, respecto a la influencia castellana, Catalina renunció a la regencia. Los representantes de las Cortes le insistieron en que no abandonará la regencia. Catalina abandonó el cargo, pero permaneció como tutora de su nieto, cada vez más rebelde. El rey Sebastián le provocó tantos disgustos, que Catalina estuvo a punto de abandonar Portugal. En 1563, recibió la rosa papal por parte de Pío IV, un reconocimiento que se entregaba a las reinas y princesas piadosas.


En 1568, le llegaron noticias desconcertante sobre su otro nieto, el hijo de María Manuela. Don Carlos de Austria se encontraba preso por orden de su propio padre. Le escribió a Felipe II, ofreciéndose a cuidar de su nieto.En sus cartas al papa Pío V, enviadas en 1572, le imploraba su consejo y apoyo, contándole su descontento por residir en Portugal y su deseo de marchar. Su intento más determinado para trasladarse a un convento español fue apoyado totalmente por su sobrino, Felipe II. Estos planes se desvanecieron debido a la insistencia de los portugueses.  

Sintiéndose al borde de la muerte, Catalina se preocupó, sobre todo, por el destino de sus preciosas reliquias, recordando también a todos sus sirvientes, incluso a los esclavos, a quienes concedió la libertad. A pesar de las fiebres y la debilidad, la reina insistió, mientras pudiera, en comer en la mesa y escuchar música, en compañía de sus damas. Contrariando a los sirvientes más cercanos a la reina, el rey Sebastián insistió en comunicar a su abuela sus planes de ir a luchar en África. Unos días antes de morir, Catalina todavía tenía fuerzas para disimular su disgusto hacia una guerra que ponía en peligro la continuidad de la dinastía Avis.

El 12 de febrero de 1578, a los 71 años, falleció la reina Catalina. Por lo menos tuvo el consuelo de ser acompañada por su nieto Sebastián, el único que quedaba entre sus descendientes, pues incluso el príncipe Carlos había muerto hace diez años. Como estaba previsto, fue enterrada en el Monasterio de los Jerónimos.

Después de unos días de luto en el Monasterio de Penha Longa, el rey se dedicó a los preparativos de la ansiada expedición a Marruecos. El 4 de agosto de ese mismo año, Sebastián murió en la batalla de Alcazarquivir.




Fuente:

Fernández Álvarez, Manuel (2014) Carlos V, el césar y el hombre. Grupo Planeta Spain. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=pgQgw_GSsPUC&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [07/12/20]

Jordan Gschwend, Annemarie «Catalina de Austria», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico en http://dbe.rah.es/biografias/11817/catalina-de-austria [09/12/20]

Jordan Gschwend, Annemarie (2012) Reliquias de los Habsburgo y conventos portugueses. El patronazgo religioso de Catalina de Austria. Disponible: http://arteysociedad.blogs.uva.es/files/2012/09/13-JORDAN.pdf [09/12/20]

Labrador Arroyo, Félix (2014) La organización de la Casa de Catalina de Austria, Reina de Portugal (1523-1526). Cuadernos de Historia, 39, pág. 15-35. Disponible: https://revistas.ucm.es/index.php/CHMO/article/view/45839/43082 [08/12/20] 

Márquez de la Plata, V. (2019) Póker de Reinas: Las cuatro hermanas de Carlos V. [Versión Kindle] Ediciones Casiopea, España. 

Serrano, J.B (2018) As Avis: As Grandes Rainhas que partilharam o trono de Portugal na segunda dinastia [Digital] Esfera dos Livros, Portugal. 

1 dic 2020

Leonor de Austria, reina de Portugal y de Francia



Nacimiento y primeros años
La primogénita de Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo nació el 15 de noviembre de 1498 en Lovaina, cerca de Bruselas. Aunque el sexo de la recién nacida provocó decepción, el parto había sido rápido y fácil, a pesar de que la madre era primeriza. Fue bautizada en la catedral de Santa Gúdula; sus padrinos fueron su abuelo, el emperador Maximiliano, y la madrastra de este, Margarita de York. En 1506, sus padres viajaron a Castilla para asumir el trono. 

Leonor permaneció en Flandes bajo el cuidado de su tía, Margarita de Austria. Se crió junto a su hermano Carlos y sus hermanas, Isabel y María. A pesar de la ausencia de sus padres, tuvieron una infancia feliz. Además de sus estudios, se dedicaban a divertirse. Por ejemplo, se paseaban en el carro o se deslizaban sobre un trineo cuando nevaba.

En sus primeros años, las archiduquesas eran supervisadas por Anne de Beaumont. Bajo las enseñanzas de Henry Bredemerst, aprendieron a tocar la espineta y el clavicordio. Practicaban su escritura enviando mensajes cordiales dentro de su propia familia. Por ejemplo, en una misiva que data aproximadamente de 1507, Leonor le comunica a su tía: notre grant Pere nous a venu visiter de quoy nous avons un grant joie [nuestro abuelo nos visitó, lo que nos hizo muy felices]. Aunque los niños eran capaces de escribir a su tía de su propia mano, también usaron secretarios, que también eran empleados para traducir las cartas, pues no todos los Habsburgo tenían un idioma común. La mayoría de los miembros de la familia dominaban al menos dos idiomas, aprendiendo el segundo en la adultez. 
En 1512, cuando Leonor tenía catorce, Margarita menciona en una carta al secretario de las niñas, Jean Le Veau. 

Los hijos de Juana y Felipe tuvieron una enorme importancia en el tablero político de la Europa del siglo XVI. Durante sus primeros años, Leonor tuvo varias propuestas matrimoniales. En 1510, se discutió su unión con el duque Antonio de Lorena. En 1514, fue solicitada como esposa para Cristián II de Dinamarca, pero el emperador prefirió concederle la mano de Isabel. El emperador también contempló la posibilidad de comprometer a Leonor con el rey de Polonia. Otro candidato fue el futuro Enrique VIII de Inglaterra. En 1514, Luis XII de Francia quiso volver a casarse y Fernando propuso como novia a su nieta Leonor.

A los dieciocho años, Leonor se enamoró de Federico del Palatinado. Carlos fue avisado e interceptó la correspondencia de los enamorados. El archiduque confrontó a su hermana, a quien descubrió leyendo una carta de Federico. Ambos fueron interrogados individualmente y negaron cualquier compromiso entre ellos. Federico fue expulsado de la corte. Leonor tuvo que renunciar al sueño de la felicidad personal y aceptar su destino como dócil instrumento de la política imperial. Tanto así que Carlos siempre se refirió a ella como "mi mejor hermana".

De Jan Gossaert, 1516, Museo de Arte de Worcester

El 8 de septiembre de 1517, tras la muerte de su abuelo materno, Fernando de Aragón, Carlos partió de Flandes para asumir el trono de Castilla y Aragón. Leonor lo acompañó. A principios de noviembre llegaron a Tordesillas, donde residía su madre y su hermana menor, la infanta Catalina. Esa reunión también tenía un trasfondo político, pues el objetivo era garantizar el consentimiento de la reina Juana para el gobierno de Carlos. Estuvieron presentes el señor de Chièvres y Anne de Beaumont. Cuando Juana los vio, dijo: "Pero, ¿sois mis hijos? Que rápido crecisteis". La reina no reconoció en los jóvenes archiduques a los niños de los que se había despedido once años antes. Después de las honras fúnebres por el descanso de su padre, Felipe, partieron hacia Valladolid.

Reina de Portugal
Después de asumir el poder, Carlos utilizó a su hermana mayor para estrechar lazos con el reino vecino. En un principio, estaba previsto que Leonor se casaría con su primo, el príncipe Juan de Portugal, pero el padre reclamó para sí la mano de la archiduquesa. La novia recibió 200,000 doblas castellanas como dote. Su madre, Juana de Castilla, le otorgó las aguas y predios sin dueño de las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. La boda por poderes tuvo lugar el 16 de julio de 1518; Álvaro da Costa representó a la persona del rey portugués. El barón de Trazegnies tenía la tarea de entregar a la archiduquesa a su marido e investir al rey de Portugal en la Orden del Toisón de Oro.

El matrimonio se celebró en Lisboa el 24 de noviembre. Para el rey, era su tercera boda y Leonor era sobrina de sus dos primeras esposas. Manuel era veintinueve años mayor que su nueva consorte.  Sin embargo, la diferencia de edad no era precisamente una desventaja, pues era probable que Leonor enviudará pronto y estuviera disponible para nuevas alianzas. 

Casamiento de Santo Aleixo (1541) de García Fernandes. Durante mucho tiempo fue identificada como una representación de la boda de Manuel y Leonor

¿Cómo era la joven reina de Portugal? Las crónicas coinciden en que era una mujer virtuosa, grácil y talentosa. El embajador portugués en Bruselas describió a Leonor como una mujer no fea, pero tampoco muy hermosa. Más tarde, a sus veintiocho años, el embajador veneciano la describió en términos similares: "no fea ni hermosa". Era de tez blanca, cabello claro y con el prominente labio de los Habsburgo.

El 18 de febrero de 1520, Leonor dio a luz a un varón al que llamaron Carlos, como su tío. El feliz acontecimiento no tuvo el impacto habitual, pues el rey ya contaba con varios hijos de su anterior matrimonio. Quince meses después, el infante murió. Para ese entonces, la reina ya se encontraba encinta de nuevo. El 8 de junio de 1521 nació la infanta María. Las madrinas fueron sus hijastras, Isabel y Beatriz, y los padrinos fueron los embajadores del duque de Saboya. 

Infanta María, de Francisco de Holanda, 1540.

La reina Leonor mantuvo una buena relación con sus hijastras. Dada la cercanía de edad, fue más una amistad fraterna que un sentimiento materno. En 1526, la infanta Isabel se casó con Carlos de Austria, lo que las convirtió en cuñadas.

El 13 de diciembre, el rey Manuel murió de peste. Tras este luctuoso suceso, Leonor decidió retirarse al convento de Odivelas. El nuevo rey, Juan III, se enteró de las intenciones de su madrastra y le pidió que esperara indicaciones del emperador. La reina viuda no tuvo más remedio que partir hacia Xabregas, donde dedicó su tiempo a oraciones y caridad. Mientras tanto, los asesores portugueses resolvían la situación de Leonor. Teóricamente, según el contrato matrimonial, la reina viuda podía salir de Portugal con su hija y el valor de sus arras. Pero esto perjudicaría las finanzas del reino, por lo que se sugirió que el rey debía casarse con la viuda de don Manuel. No obstante, Carlos I optó por el regreso de su hermana. En las cortes europeas corrió el rumor de que el rey Juan estaba enamorado de su madrastra.

Juan III de Portugal, de Cristóvão Lopes, Museu de São Roque

El rey de Portugal casi aceptó que la infanta acompañará a su madre, pero la ciudad de Lisboa se opuso. El embajador de Carlos insistió, pero Juan III alegó que él era el legítimo tutor de su hermana. La reina viuda de Portugal viajó a Castilla en mayo de 1523. Fue su hermana menor, Catalina de Austria, quien se casaría con el rey Juan.

Reina de Francia
Leonor estuvo brevemente prometida al duque de Borbón, quien había traicionado al rey de Francia. En 1525, Francisco I fue derrotado en la batalla de Pavía y cayó prisionero del emperador. Leonor estuvo involucrada en las negociaciones de paz entre Carlos y Francisco. Luisa de Saboya, madre de Francisco, escribió a Leonor, quien le respondió en mayo de 1525 expresando su compromiso de garantizar la paz entre ambos monarcas. Al año siguiente se firmó el Tratado de Madrid, por el cual, Leonor fue prometida a Francisco de Francia. Sin duda, esa era una mejor perspectiva que casarse con un duque que había traicionado a su propio país. El 19 de enero de 1526, Leonor y Francisco se prometieron en matrimonio por poderes.

Leonor viajó con Germana de Foix, viuda de su abuelo Fernando, desde Toledo a Illescas, donde se reuniría con Francisco y Carlos. Cuando se conocieron, Leonor se arrodilló frente a su futuro marido y se dispuso a besarle la mano. Francisco la levantó diciendo "no es la mano lo que debo darte, sino la boca". Después la besó y la llevó del brazo. En esos días de festejos, Francisco se mostró amable y galante con su futura esposa. Pero Carlos fue cauteloso y no permitió que estuvieran solos, pues temía que el rey francés no cumpliera con las disposiciones del tratado. Francisco regresó a Francia en marzo de 1526.

Francisco I con Leonor, atribuido a la Escuela Francesa

Francisco fue liberado a cambio del cautiverio de sus hijos, el delfín y el duque de Orleans. Leonor sufrió una decepción, pues una vez libre, Francisco se negó a cumplir con los términos del Tratado de Madrid y las hostilidades se reanudaron. Estas se prolongaron hasta a agosto de 1529, con la Paz de Cambrai (también llamada Paz de las Damas), negociada por Margarita de Austria y Luisa de Saboya. Se acordó la liberación de los rehenes franceses, así como el reconocimiento de Leonor como esposa de Francisco. El 20 de marzo de 1530 se celebró el matrimonio por poderes. Leonor y sus hijastros emprendieron el viaje hacia Francia.

Leonor fue recibida con afecto y alegría por el pueblo francés, ya cansado de las guerras contra el emperador. El condestable Montmorency admiraba a la nueva reina y la presentó al país como un símbolo de paz. Fue coronada el 31 de mayo de 1531 en Saint-Denis. Mientras la reina entraba solemnemente a París, en una litera tapizada con telas de oro y vestida con túnicas de púrpura y armiño, el rey Francisco fue visto en una ventana acompañado por su amante, Ana de Pisseleu, permaneciendo con ella durante más de dos horas. Al año siguiente, en las fiestas celebradas en su honor en la ciudad de Rouen, el poeta Theodore de Bèze comparó a la reina Leonor con Helena de Troya: "pero si ambas son bellas, la belleza de una desencadena la guerra, la belleza de la otra consolida la paz".

Esta unión no colmó sus expectativas personales y políticas; Leonor no influía en su marido, ni tuvo descendencia con él. Francisco no estaba interesado en su esposa, quien seguramente le traía recuerdos de su cautiverio en España.  Sus tirantes relaciones con el emperador tampoco ayudaban mucho. Para ese entonces, Leonor ya había perdido su belleza. Su salud se tornó delicada y padecía elefantiasis (una enfermedad que causa hinchazón, especialmente en las piernas).  Incluso cuatro años antes de su boda con Francisco, se informó que se había vuelto corpulenta, de rasgos gruesos y con manchas rojas en la cara "como si tuviera elefantiasis".

De Joos van Cleve, 1530, Museo Condé

Al no poder ejercer influencia alguna que pudiera beneficiar a su hermano, la reina Leonor se dedicó a una vida piadosa y discreta. No hablaba con su esposo muy a menudo y, cabe resaltar, el idioma no era una barrera, pues Leonor dominaba el francés. La hermana del rey, Margarita de Angulema, le dijo al duque de Norfolk que no había hombre menos satisfecho con su mujer que su hermano.

La relación de Leonor con el delfín Francisco fue buena. Además, parecían destinados a convertirse en suegra y yerno, pues él estaba comprometido con María de Portugal. Lamentablemente, el joven murió a los veinte años y fue sucedido como delfín por su hermano Enrique, quien era hostil a los Habsburgo. Luisa de Saboya murió en 1531 y su cuñada, Margarita de Navarra, la ignoró desde el momento en que llegó a Francia.

El 31 de marzo de 1547, muere Francisco I. Viuda y sin hijos, Leonor ya no tenía motivos para permanecer en Francia. Su hijastro, ahora Enrique II, nunca le había demostrado simpatía. El nuevo rey confiscó su dote, ni siquiera aceptó una despedida formal de su madrastra, ni le proporcionó una escolta. La reina viuda de Francia se marchó acompañada únicamente por un mayordomo y dos caballeros leales. En el camino, su equipaje fue registrado, pero Leonor tuvo la precaución en enviar sus joyas a Bruselas con anticipación. Partió a los Países Bajos en  noviembre de 1548. Tras un descanso de tres días en Hal (Bélgica) para recuperarse de unas fiebres, Leonor llegó a Bruselas el 5 de diciembre de 1548, donde recibió una cálida bienvenida. Permaneció en su tierra natal durante los siguientes ocho años.


Últimos años
La reina Leonor representada en busto, con toca de viuda (1550) de Jacques du Broeuq, Museo del Prado.

Carlos presentó su abdicación en 1555 y, al año siguiente, el 15 de septiembre, partió hacia España. Sus hermanas, Leonor y María, lo acompañaron al retiro. Llegaron a Laredo el 28 del mismo mes. Carlos se instaló en el monasterio de Yuste. No tenía intención de participar en el gobierno; su hijo Felipe permaneció en Países Bajos y su hija menor, Juana, se encargó de la regencia en España.

Para Juana de Austria, la llegada de sus tías a Valladolid constituía una carga. Recibió instrucciones de su hermano sobre como arreglar el palacio para acomodarlos a todos (las tías, su sobrino don Carlos y ella misma), trasladando las reuniones del consejo a otro edificio. Fue una situación tensa, incluso para los cortesanos. Una vez enviado de Londres a Valladolid para entregar los mensajes de Felipe, Ruy Gómez declaró que besaría las manos de la princesa Juana, pero no de la reina María de Hungría, porque solo respetaba la autoridad de "mi rey y su heredero". Gómez de esta manera señaló que Juana representaba a los soberanos de España, Carlos y Felipe. En una carta del 6 de noviembre de 1557, Juana describe a Ruy Gómez de Silva el altercado entre sus tías y el suegro de Gómez. Cuando Leonor y María salieron del palacio de Juana, ella confesó estar "extremo contenta porque no he visto peor compañía de la que ellas me hicieron". Leonor y su hermana se instalaron por un tiempo en Guadalajara, en el palacio del Infantado. Sin embargo, pronto se sintieron incómodas, pues el duque no parecía muy contento por recibir a tan importantes huéspedes. 

María de Portugal, duquesa de Viseu (1550-1555) de Antonio Moro, convento de las Descalzas Reales.

Los últimos días de Leonor fueron amargos. Como hermana fiel del emperador, sirvió como peón político y puso su vida al servicio del Imperio. Fue reina de Francia durante diecisiete años, un sacrificio en vano, pues no cesaron las hostilidades. Más de treinta años después,  Leonor esperaba que su única hija viviera con ella en España. Desafortunadamente, los años de separación crearon una brecha que no se podía cerrar. La figura materna en la vida de María fue su tía Catalina de Austria. En 1556, los ocho hijos de Juan III y Catalina habían fallecido, por lo tanto se resistían a alejarse de la infanta a la que habían criado como una hija. 

La reunión tuvo lugar en Badajoz, a principios de 1558. La infanta se mostró distante y no estaba dispuesta a vivir con su madre. Hubo otro motivo de por medio: Felipe planeaba casarse con la hija de Leonor. Esto cambió con el ascenso al trono de María Tudor en 1553, por lo cual, el matrimonio portugués fue descartado. La ruptura del compromiso supuso una afrenta para la corte lusa y complicó el encuentro entre madre e hija. La infanta María, a pesar de su belleza, erudición y riqueza, permaneció soltera y fue recordada como "la eterna novia".

Tras despedirse de la infanta, Leonor y María de Hungría iniciaron el viaje hacia el monasterio de Yuste. En el camino, tuvieron que detenerse en Talavera, donde Leonor sufrió unas fiebres y un ataque de asma que acabó con su vida el 18 de febrero de 1558. Los cuatro niños criados en Malinas siempre fueron muy unidos. Solo Isabel se había adelantado y ahora sus hermanos se le unirían. Leonor, Carlos y María murieron el mismo año. 

Panteón de los Infantes, Monasterio de El Escorial

La reina de Portugal y Francia fue enterrada en la catedral de Mérida. Más tarde, su hermano ordenó que sus restos fueran trasladados al monasterio de Yuste. En 1574, por orden de Felipe II, fueron llevados al monasterio de El Escorial, donde actualmente descansa, en el Panteón de los Infantes.

 


Fuentes:
Márquez de la Plata, V. (2019) Póker de Reinas: Las cuatro hermanas de Carlos V. [Versión Kindle] Ediciones Casiopea, España.

Norwich, J. (2017) Four Princes: Henry VIII, Francis I, Charles V, Suleiman the Magnificent and the Obsessions that Forged Modern Europe. Open Road + Grove/Atlantic. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=AG9IDQAAQBAJ&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [01/12/20]

Serrano, J.B (2018) As Avis: As Grandes Rainhas que partilharam o trono de Portugal na segunda dinastia [Digital] Esfera dos Livros, Portugal. 

Szászdi León-Borja, István. La reina de Portugal, doña Leonor, y sus propiedades en Canarias. Disponible: https://mdc.ulpgc.es/utils/getfile/collection/coloquios/id/1413/filename/1161.pdf [26/11/20]

Ylä-Anttila, Tupu (2019) Habsburg Female Regents in the Early 16th Century. University of Helsinki, tesis doctoral. Disponible: https://helda.helsinki.fi/handle/10138/307398 [30/11/20]