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8 dic 2020

Catalina de Austria, reina de Portugal

De Domingo Carvalho, Museo del Prado.

Nacimiento y primeros años
El 14 de enero de 1507, en Torquemada, la reina Juana de Castilla dio a luz a una hija póstuma de Felipe de Austria. Su madre se puso de parto durante el camino a Granada, donde darían sepultura a Felipe. El cortejo nunca llegó a Granada, pues Juana fue recluida en Tordesillas.

La infancia de Catalina fue dura. Durante los primeros años de reclusión, Juana estuvo bajo la rígida supervisión de Luis Ferrer, incluso sometida a maltrato corporal por parte de este. La reina solo contaba con dos damas de compañía. Vivía en una cámara sin ventanas, así que ni ella ni Catalina podían ver el exterior; tiempo después, se hizo una abertura en la pared para que entrase la luz y el aire. Nadie se preocupó por mandar profesores a la infanta. Sin embargo, el aislamiento no impidió que recibiera la educación digna de una princesa, pues hablaba latín y poseía talento para la música. Hay que recordar que su madre (posiblemente, su única preceptora) se crió en la corte humanística de los Reyes Católicos.

En julio de 1516, el cardenal Cisneros escribió a Carlos a través de Diego López de Ayala para que pidiese que "...doña Beatriz de Mendoza, hija de doña María de Bazán, sea recibida al servicio de la señora Infanta Catalina [...] porque tiene necesidad de más compañía...". Al parecer, a Carlos no le importó la situación de su hermana menor, pues la súplica no fue atendida. Además, Tordesillas no era sitio adecuado para alojar a una hipotética niña de la nobleza.

Obra de Francisco Pradilla y Ortiz, representa a Juana I encerrada en Tordesillas, junto con su hija, Museo del Prado.

En 1517, Carlos y Leonor llegaron a Castilla, donde se reunirían con una madre a la que no veían en once años. También conocieron a su hermana de diez años. La niña no vestía de acuerdo a su rango de infanta y archiduquesa. Lucía una simple falda plisada de color negro, una chamarra de cuero y su tocado era un pañuelo blanco. Fernández Álvarez la describe como una niña "de aspecto gracioso y dulce, con hermosos cabellos rubios —como casi todos los príncipes de la Casa de Austria—, iba vestida de tal modo que al ver su porte nadie la tomaría como una de las nietas de los Reyes Católicos".

Después de la visita de sus hermanos, Catalina fue sacada de Tordesillas. Una noche, los servidores de Carlos hicieron un hueco en la pared y se la llevaron a escondidas. Fue llevada a Valladolid y alojada en la casa de Leonor. El cronista Laurent Vital narra:

"Con la llegada de esa gentil princesa toda la Corte se sintió muy alegre. La vi entrar e ir al cuarto de su hermana, por una galería, y la llevaba de la mano el señor de Traseignies, y la señora de Chièvres de la otra mano, y llevaba la cola de su vestido la señora de Beaumont...".

Su estancia en la Corte no duró mucho. Cuando Juana se percató de la ausencia de su hija, fue tal su disgusto que se negó a comer y enfermó. Carlos se vio obligado a devolver a la niña a Tordesillas, aunque intentó mejorar sus condiciones de vida. La misma infanta lamentó la tristeza de su madre y prefirió dejar atrás los lujos de la corte para regresar al encierro que siempre había conocido. La diferencia es que ahora contaba con cámara propia y compañía digna de su alcurnia. Tuvo entre sus pajes a dos futuros santos: Francisco de Borja, hijo del duque de Gandía, e Íñigo de Loyola, más tarde san Ignacio. Se dice que este último estaba enamorado de la infanta Catalina, pues en sus escritos confiesa que puso sus ojos en una dama de rango más alto que una condesa y duquesa.

Andreas Muñoz y Tacuara Casares en película "Ignacio de Loyola" (2016). Casares aparece en el reparto simplemente como "princesa Catalina", aunque por el contexto del filme se sobreentiende que es Catalina de Austria.

Sin embargo, la situación de la reina y su hija no mejoró con la llegada de Carlos. El segundo cuidador, Hernán Duque, fue nombrado por Cisneros; solo permaneció dos años en su cargo (durante ese período, Juana presentó una mejoría en su ánimo), pues fue destituido por Carlos. El joven rey designó como "cuidador" al marqués de Denia, quien sometió a maltratos y humillaciones a madre e hija. Las hijas del marqués lucían las joyas y prendas que el rey enviaba a Catalina.

En 1520 estalló el movimiento comunero. La entrevista entre Juana y los comuneros se produjo en septiembre, en la cual se le solicitó que asumiera el poder como reina propietaria de Castilla. Juana no se comprometió a nada ni parecía dispuesta a apartar a su hijo del gobierno. El movimiento fue derrotado, pero Carlos desconfió de Juana y Catalina. Le llegaron rumores de que su hermana apoyó a los comuneros. Los maliciosos marqueses de Denia escribieron a Carlos:
"...Escriba V.M. a la Señora Infanta mostrar algún sentimiento de lo pasado y poniéndola en razón por lo venidero..." 

Efectivamente, Carlos la amonestó. Él era de naturaleza desconfiada, incluso con su hermana de trece años. El 24 de septiembre de 1521, Catalina escribió una respuesta a su hermano:

"...ninguna necesidad había que V.M. me enviase a mandar esto, porque yo desde que nascí nunca cosa mía he procurado ni deseado (nada más que) lo que conviene a la Reyna, mi señora, y al servicio de V.A. y por esto las cosas de la Comunidad y sus liviandades nunca me parescieron bien...y las personas con quien yo trato son muy servidores de V.M. que no los que le han hecho tales informaciones tan apartadas de la verdad..."

Después del movimiento comunero, el marqués de Denia fue restituido; Juana y Catalina volvieron al cautiverio. La infanta informó a su hermano que su madre era encerrada en una cámara sin luz.

Reina de Portugal
Después de diecisiete años de encierro y penurias, la infanta sería colocada en el trono de Portugal. Se trataba de un enlace doble: Catalina con Juan III y Carlos con la hermana del monarca luso, Isabel. 


El matrimonio de Catalina se celebró por poderes el 18 de agosto de 1524. La dote quedó establecida en 200,000 doblas de oro castellano, pagaderas durante los tres años siguientes. Para la conformación de su guardarropa, se llevó a cabo un saqueo en la cámara de Juana, con la colaboración del marqués de Denia: plata para el servicio de la mesa y la capilla, ropa blanca, tapicería, camas, aderezos, así como una serie de libros y manuscritos iluminados. El 2 de enero de 1525, la infanta salió de Tordesillas. Muchos oficiales que servían a la reina Juana solicitaron su ingreso a la Casa de Catalina, con tal de abandonar el ambiente carcelario de Tordesillas. 

Laia Marull (Juana de Castilla) y Guiomar Puerta (Catalina de Austria), en serie Carlos Rey Emperador.

La nueva reina de Portugal fue escoltada a Badajoz por Juan Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia, Álvaro de Zúñiga, duque de Béjar, y el obispo de Sigüenza. En su nuevo país fue recibida con alegría. Fue alabada por "su celo religioso, su blandura en el trato, las muchas mercedes que hacía a sus vasallos y el agasajo y buena acogida que todos hallaban generalmente en ella por lo que fue siempre tan amada y venerada como si fuese madre particular de cada uno de ellos" (Crónica del muyto alto e muito poderoso Rey destos Reynos de Portugal, D. Joao o III deste nome, por Francisco de Andrade)El 5 de febrero de 1525 se celebraron las nupcias. Catalina fue tan fértil como su madre. Dio a luz nueve hijos, aunque solo dos llegaron a la edad adulta.
  1. Alfonso (24 de febrero de 1526-12 de abril de 1526).
  2. María Manuela (15 de octubre de 1527-12 de julio de 1545)
  3. Isabel (1529-1530).
  4. Beatriz (1530-1530).
  5. Manuel (1 de noviembre de 1531-14 de junio de 1537).
  6. Felipe (25 de mayo de 1533 - 29 de abril de 1539).
  7. Dionisio (26 de abril de 1535-1 de enero de 1537).
  8. Juan Manuel (3 de junio de 1537- 2 de enero 1554)
  9. Antonio (9 de marzo 1539-1540).
Incluso en una época de alta mortalidad infantil, la situación de los reyes portugueses era trágica y, desde el punto de vista dinástico, alarmante. Los hermanos del rey también murieron jóvenes: la emperatriz Isabel (1503-1539), Beatriz (1504-1538), Fernando (1507-1534), Alfonso (1509-1540) y Duarte (1515-1540). En este ambiente marcado por la tragedia y con la creciente religiosidad de los reyes, la corte fue perdiendo la alegría de antaño. 

Juan III, por Antonio Moro

Catalina desarrolló una importante labor social, especialmente con los pescadores lisboetas. Fundó el Colegio de Huérfanos de Lisboa. La corte portuguesa atraía a intelectuales y artistas, patrocinados por la reina, quien contaba con una gran biblioteca humanista. Tras el nacimiento del infante Juan Manuel, se celebró con una representación teatral llamada "Monólogo del Vaquero", de Gil Vicente. Tanto ella como su marido eran personas muy religiosas; mantuvo contacto con Ignacio de Loyola, Francisco Borja y fray Luis de Granada.

Durante su reinado, las posesiones portuguesas se extendieron por Asia y al Nuevo Mundo, a través de la colonización de Brasil. Los navegantes hicieron contacto con China, bajo la dinastía Ming, y Japón, durante el período Muromachi. El Imperio portugués llegó a ser tan extenso que se tornó difícil de administrar. Catalina fue una importante coleccionista de objetos y animales importados de las colonias. Muchos de ellos fueron enviados como regalos a sus parientes, como en 1551, cuando envió un elefante indio a sus sobrinos, María y Maximiliano de Austria.

Catalina fue una reina astuta y esto fue reconocido por su esposo, quien le otorgó bastante autoridad política. No respaldó ciegamente la política imperial de su hermano y, a menudo, tuvo que mediar entre él y su esposo, por ejemplo, en 1527, cuando Carlos refutó la soberanía portuguesa sobre las Islas Malucas.

María Manuela, Museo del Prado

Desde temprana edad, la infanta María Manuela fue contemplada como futura esposa de su primo, Felipe de Austria. Este proyecto era acariciado por Catalina y su cuñada, la emperatriz Isabel. Para el emperador Carlos, era una perspectiva interesante, pues cabía la posibilidad de que la corona portuguesa recayera sobre la infanta. Los portugueses, en cambio, eran cautelosos en cuanto a la independencia del reino y se inclinaban más por un matrimonio con el infante Luis, tío de María Manuela. La reina se opuso a esta unión y terminó convenciendo al rey Juan. En 1543, la infanta se casó con Felipe, príncipe de Asturias. Después de las fiestas por su boda, María Manuela viajó a Tordesillas, ese lúgubre sitio donde se crió su madre, para conocer a su abuela. En 1545, la princesa murió después de dar a luz a un hijo, Carlos.

Juan Manuel, por Antonio Moro

Ahora solo les quedaba un hijo, el príncipe Juan Manuel. En enero de 1552 se casó por poderes con su prima, Juana de Austria, quien llegó a Portugal a finales de ese año. Lamentablemente, los reyes vivirían para ver partir a todos sus hijos. El príncipe murió el 2 enero de 1554. Pero contaban con un consuelo: el embarazo de la princesa Juana. El 20 de enero, la joven dio a luz a un niño, Sebastián. Cuatro meses después, la princesa viuda fue nombrada regente de España, por lo que tuvo que abandonar Portugal y dejar a su hijo al cuidado de Catalina. 

Regencia
Una vez concluido el prolongado y doloroso capítulo de la maternidad, Catalina se dedicó a los asuntos estatales, asistida por el secretario Pêro de Alcáçova Carneiro. Su esposo, cada vez más enfermo, le fue delegando cada vez más responsabilidades. El 11 de junio de 1557, murió el rey Juan.

En 1556, Carlos regresó a Castilla acompañado por sus hermanas, Leonor y María, después de su abdicación el año pasado. Leonor había dejado en Portugal a la hija que tuvo con Manuel I, la infanta María. Esta joven era, por lo tanto, sobrina y cuñada de Catalina y hermana de Juan. Pero fueron los monarcas portuguesas las únicas figuras paternas que ella conoció. Ahora que Leonor estaba de vuelta, pretendía reunirse con su hija, a la que no veía en más de treinta años.


Catalina quedó a cargo de la regencia y la tutela de Sebastián. Con tal de evitar el enfrentamiento, Catalina aceptó ser asistida por su cuñado, Enrique, aunque esto no impidió las disputas. Juana de Austria también aspiraba a la regencia portuguesa durante la minoría de edad de su hijo. La princesa se creía con mayor derecho, por ser la madre del rey, pero el emperador era consciente del prestigio que había ganado su hermana en la corte portuguesa y no apoyó las pretensiones de su hija.

También tuvo que enfrentarse a problemas relacionados con los dominios ultramarinos. Para mantener intactas las posesiones portuguesas en el Norte de África, en 1562, Catalina ayudó a Rui de Sousa a defender de los moros el fuerte de Mazagón. A pesar de su lealtad al emperador, Catalina nunca sacrificó los intereses del trono luso en beneficio de la política de su hermano. No accedió cuando, en secreto, Carlos le propuso nombrar heredero de Portugal al príncipe Carlos, en caso de morir Sebastián. 

Últimos años
En 1562, consciente de las críticas a su gobierno, respecto a la influencia castellana, Catalina renunció a la regencia. Los representantes de las Cortes le insistieron en que no abandonará la regencia. Catalina abandonó el cargo, pero permaneció como tutora de su nieto, cada vez más rebelde. El rey Sebastián le provocó tantos disgustos, que Catalina estuvo a punto de abandonar Portugal. En 1563, recibió la rosa papal por parte de Pío IV, un reconocimiento que se entregaba a las reinas y princesas piadosas.


En 1568, le llegaron noticias desconcertante sobre su otro nieto, el hijo de María Manuela. Don Carlos de Austria se encontraba preso por orden de su propio padre. Le escribió a Felipe II, ofreciéndose a cuidar de su nieto.En sus cartas al papa Pío V, enviadas en 1572, le imploraba su consejo y apoyo, contándole su descontento por residir en Portugal y su deseo de marchar. Su intento más determinado para trasladarse a un convento español fue apoyado totalmente por su sobrino, Felipe II. Estos planes se desvanecieron debido a la insistencia de los portugueses.  

Sintiéndose al borde de la muerte, Catalina se preocupó, sobre todo, por el destino de sus preciosas reliquias, recordando también a todos sus sirvientes, incluso a los esclavos, a quienes concedió la libertad. A pesar de las fiebres y la debilidad, la reina insistió, mientras pudiera, en comer en la mesa y escuchar música, en compañía de sus damas. Contrariando a los sirvientes más cercanos a la reina, el rey Sebastián insistió en comunicar a su abuela sus planes de ir a luchar en África. Unos días antes de morir, Catalina todavía tenía fuerzas para disimular su disgusto hacia una guerra que ponía en peligro la continuidad de la dinastía Avis.

El 12 de febrero de 1578, a los 71 años, falleció la reina Catalina. Por lo menos tuvo el consuelo de ser acompañada por su nieto Sebastián, el único que quedaba entre sus descendientes, pues incluso el príncipe Carlos había muerto hace diez años. Como estaba previsto, fue enterrada en el Monasterio de los Jerónimos.

Después de unos días de luto en el Monasterio de Penha Longa, el rey se dedicó a los preparativos de la ansiada expedición a Marruecos. El 4 de agosto de ese mismo año, Sebastián murió en la batalla de Alcazarquivir.




Fuente:

Fernández Álvarez, Manuel (2014) Carlos V, el césar y el hombre. Grupo Planeta Spain. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=pgQgw_GSsPUC&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [07/12/20]

Jordan Gschwend, Annemarie «Catalina de Austria», en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico en http://dbe.rah.es/biografias/11817/catalina-de-austria [09/12/20]

Jordan Gschwend, Annemarie (2012) Reliquias de los Habsburgo y conventos portugueses. El patronazgo religioso de Catalina de Austria. Disponible: http://arteysociedad.blogs.uva.es/files/2012/09/13-JORDAN.pdf [09/12/20]

Labrador Arroyo, Félix (2014) La organización de la Casa de Catalina de Austria, Reina de Portugal (1523-1526). Cuadernos de Historia, 39, pág. 15-35. Disponible: https://revistas.ucm.es/index.php/CHMO/article/view/45839/43082 [08/12/20] 

Márquez de la Plata, V. (2019) Póker de Reinas: Las cuatro hermanas de Carlos V. [Versión Kindle] Ediciones Casiopea, España. 

Serrano, J.B (2018) As Avis: As Grandes Rainhas que partilharam o trono de Portugal na segunda dinastia [Digital] Esfera dos Livros, Portugal. 

1 dic 2020

Leonor de Austria, reina de Portugal y de Francia



Nacimiento y primeros años
La primogénita de Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo nació el 15 de noviembre de 1498 en Lovaina, cerca de Bruselas. Aunque el sexo de la recién nacida provocó decepción, el parto había sido rápido y fácil, a pesar de que la madre era primeriza. Fue bautizada en la catedral de Santa Gúdula; sus padrinos fueron su abuelo, el emperador Maximiliano, y la madrastra de este, Margarita de York. En 1506, sus padres viajaron a Castilla para asumir el trono. 

Leonor permaneció en Flandes bajo el cuidado de su tía, Margarita de Austria. Se crió junto a su hermano Carlos y sus hermanas, Isabel y María. A pesar de la ausencia de sus padres, tuvieron una infancia feliz. Además de sus estudios, se dedicaban a divertirse. Por ejemplo, se paseaban en el carro o se deslizaban sobre un trineo cuando nevaba.

En sus primeros años, las archiduquesas eran supervisadas por Anne de Beaumont. Bajo las enseñanzas de Henry Bredemerst, aprendieron a tocar la espineta y el clavicordio. Practicaban su escritura enviando mensajes cordiales dentro de su propia familia. Por ejemplo, en una misiva que data aproximadamente de 1507, Leonor le comunica a su tía: notre grant Pere nous a venu visiter de quoy nous avons un grant joie [nuestro abuelo nos visitó, lo que nos hizo muy felices]. Aunque los niños eran capaces de escribir a su tía de su propia mano, también usaron secretarios, que también eran empleados para traducir las cartas, pues no todos los Habsburgo tenían un idioma común. La mayoría de los miembros de la familia dominaban al menos dos idiomas, aprendiendo el segundo en la adultez. 
En 1512, cuando Leonor tenía catorce, Margarita menciona en una carta al secretario de las niñas, Jean Le Veau. 

Los hijos de Juana y Felipe tuvieron una enorme importancia en el tablero político de la Europa del siglo XVI. Durante sus primeros años, Leonor tuvo varias propuestas matrimoniales. En 1510, se discutió su unión con el duque Antonio de Lorena. En 1514, fue solicitada como esposa para Cristián II de Dinamarca, pero el emperador prefirió concederle la mano de Isabel. El emperador también contempló la posibilidad de comprometer a Leonor con el rey de Polonia. Otro candidato fue el futuro Enrique VIII de Inglaterra. En 1514, Luis XII de Francia quiso volver a casarse y Fernando propuso como novia a su nieta Leonor.

A los dieciocho años, Leonor se enamoró de Federico del Palatinado. Carlos fue avisado e interceptó la correspondencia de los enamorados. El archiduque confrontó a su hermana, a quien descubrió leyendo una carta de Federico. Ambos fueron interrogados individualmente y negaron cualquier compromiso entre ellos. Federico fue expulsado de la corte. Leonor tuvo que renunciar al sueño de la felicidad personal y aceptar su destino como dócil instrumento de la política imperial. Tanto así que Carlos siempre se refirió a ella como "mi mejor hermana".

De Jan Gossaert, 1516, Museo de Arte de Worcester

El 8 de septiembre de 1517, tras la muerte de su abuelo materno, Fernando de Aragón, Carlos partió de Flandes para asumir el trono de Castilla y Aragón. Leonor lo acompañó. A principios de noviembre llegaron a Tordesillas, donde residía su madre y su hermana menor, la infanta Catalina. Esa reunión también tenía un trasfondo político, pues el objetivo era garantizar el consentimiento de la reina Juana para el gobierno de Carlos. Estuvieron presentes el señor de Chièvres y Anne de Beaumont. Cuando Juana los vio, dijo: "Pero, ¿sois mis hijos? Que rápido crecisteis". La reina no reconoció en los jóvenes archiduques a los niños de los que se había despedido once años antes. Después de las honras fúnebres por el descanso de su padre, Felipe, partieron hacia Valladolid.

Reina de Portugal
Después de asumir el poder, Carlos utilizó a su hermana mayor para estrechar lazos con el reino vecino. En un principio, estaba previsto que Leonor se casaría con su primo, el príncipe Juan de Portugal, pero el padre reclamó para sí la mano de la archiduquesa. La novia recibió 200,000 doblas castellanas como dote. Su madre, Juana de Castilla, le otorgó las aguas y predios sin dueño de las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. La boda por poderes tuvo lugar el 16 de julio de 1518; Álvaro da Costa representó a la persona del rey portugués. El barón de Trazegnies tenía la tarea de entregar a la archiduquesa a su marido e investir al rey de Portugal en la Orden del Toisón de Oro.

El matrimonio se celebró en Lisboa el 24 de noviembre. Para el rey, era su tercera boda y Leonor era sobrina de sus dos primeras esposas. Manuel era veintinueve años mayor que su nueva consorte.  Sin embargo, la diferencia de edad no era precisamente una desventaja, pues era probable que Leonor enviudará pronto y estuviera disponible para nuevas alianzas. 

Casamiento de Santo Aleixo (1541) de García Fernandes. Durante mucho tiempo fue identificada como una representación de la boda de Manuel y Leonor

¿Cómo era la joven reina de Portugal? Las crónicas coinciden en que era una mujer virtuosa, grácil y talentosa. El embajador portugués en Bruselas describió a Leonor como una mujer no fea, pero tampoco muy hermosa. Más tarde, a sus veintiocho años, el embajador veneciano la describió en términos similares: "no fea ni hermosa". Era de tez blanca, cabello claro y con el prominente labio de los Habsburgo.

El 18 de febrero de 1520, Leonor dio a luz a un varón al que llamaron Carlos, como su tío. El feliz acontecimiento no tuvo el impacto habitual, pues el rey ya contaba con varios hijos de su anterior matrimonio. Quince meses después, el infante murió. Para ese entonces, la reina ya se encontraba encinta de nuevo. El 8 de junio de 1521 nació la infanta María. Las madrinas fueron sus hijastras, Isabel y Beatriz, y los padrinos fueron los embajadores del duque de Saboya. 

Infanta María, de Francisco de Holanda, 1540.

La reina Leonor mantuvo una buena relación con sus hijastras. Dada la cercanía de edad, fue más una amistad fraterna que un sentimiento materno. En 1526, la infanta Isabel se casó con Carlos de Austria, lo que las convirtió en cuñadas.

El 13 de diciembre, el rey Manuel murió de peste. Tras este luctuoso suceso, Leonor decidió retirarse al convento de Odivelas. El nuevo rey, Juan III, se enteró de las intenciones de su madrastra y le pidió que esperara indicaciones del emperador. La reina viuda no tuvo más remedio que partir hacia Xabregas, donde dedicó su tiempo a oraciones y caridad. Mientras tanto, los asesores portugueses resolvían la situación de Leonor. Teóricamente, según el contrato matrimonial, la reina viuda podía salir de Portugal con su hija y el valor de sus arras. Pero esto perjudicaría las finanzas del reino, por lo que se sugirió que el rey debía casarse con la viuda de don Manuel. No obstante, Carlos I optó por el regreso de su hermana. En las cortes europeas corrió el rumor de que el rey Juan estaba enamorado de su madrastra.

Juan III de Portugal, de Cristóvão Lopes, Museu de São Roque

El rey de Portugal casi aceptó que la infanta acompañará a su madre, pero la ciudad de Lisboa se opuso. El embajador de Carlos insistió, pero Juan III alegó que él era el legítimo tutor de su hermana. La reina viuda de Portugal viajó a Castilla en mayo de 1523. Fue su hermana menor, Catalina de Austria, quien se casaría con el rey Juan.

Reina de Francia
Leonor estuvo brevemente prometida al duque de Borbón, quien había traicionado al rey de Francia. En 1525, Francisco I fue derrotado en la batalla de Pavía y cayó prisionero del emperador. Leonor estuvo involucrada en las negociaciones de paz entre Carlos y Francisco. Luisa de Saboya, madre de Francisco, escribió a Leonor, quien le respondió en mayo de 1525 expresando su compromiso de garantizar la paz entre ambos monarcas. Al año siguiente se firmó el Tratado de Madrid, por el cual, Leonor fue prometida a Francisco de Francia. Sin duda, esa era una mejor perspectiva que casarse con un duque que había traicionado a su propio país. El 19 de enero de 1526, Leonor y Francisco se prometieron en matrimonio por poderes.

Leonor viajó con Germana de Foix, viuda de su abuelo Fernando, desde Toledo a Illescas, donde se reuniría con Francisco y Carlos. Cuando se conocieron, Leonor se arrodilló frente a su futuro marido y se dispuso a besarle la mano. Francisco la levantó diciendo "no es la mano lo que debo darte, sino la boca". Después la besó y la llevó del brazo. En esos días de festejos, Francisco se mostró amable y galante con su futura esposa. Pero Carlos fue cauteloso y no permitió que estuvieran solos, pues temía que el rey francés no cumpliera con las disposiciones del tratado. Francisco regresó a Francia en marzo de 1526.

Francisco I con Leonor, atribuido a la Escuela Francesa

Francisco fue liberado a cambio del cautiverio de sus hijos, el delfín y el duque de Orleans. Leonor sufrió una decepción, pues una vez libre, Francisco se negó a cumplir con los términos del Tratado de Madrid y las hostilidades se reanudaron. Estas se prolongaron hasta a agosto de 1529, con la Paz de Cambrai (también llamada Paz de las Damas), negociada por Margarita de Austria y Luisa de Saboya. Se acordó la liberación de los rehenes franceses, así como el reconocimiento de Leonor como esposa de Francisco. El 20 de marzo de 1530 se celebró el matrimonio por poderes. Leonor y sus hijastros emprendieron el viaje hacia Francia.

Leonor fue recibida con afecto y alegría por el pueblo francés, ya cansado de las guerras contra el emperador. El condestable Montmorency admiraba a la nueva reina y la presentó al país como un símbolo de paz. Fue coronada el 31 de mayo de 1531 en Saint-Denis. Mientras la reina entraba solemnemente a París, en una litera tapizada con telas de oro y vestida con túnicas de púrpura y armiño, el rey Francisco fue visto en una ventana acompañado por su amante, Ana de Pisseleu, permaneciendo con ella durante más de dos horas. Al año siguiente, en las fiestas celebradas en su honor en la ciudad de Rouen, el poeta Theodore de Bèze comparó a la reina Leonor con Helena de Troya: "pero si ambas son bellas, la belleza de una desencadena la guerra, la belleza de la otra consolida la paz".

Esta unión no colmó sus expectativas personales y políticas; Leonor no influía en su marido, ni tuvo descendencia con él. Francisco no estaba interesado en su esposa, quien seguramente le traía recuerdos de su cautiverio en España.  Sus tirantes relaciones con el emperador tampoco ayudaban mucho. Para ese entonces, Leonor ya había perdido su belleza. Su salud se tornó delicada y padecía elefantiasis (una enfermedad que causa hinchazón, especialmente en las piernas).  Incluso cuatro años antes de su boda con Francisco, se informó que se había vuelto corpulenta, de rasgos gruesos y con manchas rojas en la cara "como si tuviera elefantiasis".

De Joos van Cleve, 1530, Museo Condé

Al no poder ejercer influencia alguna que pudiera beneficiar a su hermano, la reina Leonor se dedicó a una vida piadosa y discreta. No hablaba con su esposo muy a menudo y, cabe resaltar, el idioma no era una barrera, pues Leonor dominaba el francés. La hermana del rey, Margarita de Angulema, le dijo al duque de Norfolk que no había hombre menos satisfecho con su mujer que su hermano.

La relación de Leonor con el delfín Francisco fue buena. Además, parecían destinados a convertirse en suegra y yerno, pues él estaba comprometido con María de Portugal. Lamentablemente, el joven murió a los veinte años y fue sucedido como delfín por su hermano Enrique, quien era hostil a los Habsburgo. Luisa de Saboya murió en 1531 y su cuñada, Margarita de Navarra, la ignoró desde el momento en que llegó a Francia.

El 31 de marzo de 1547, muere Francisco I. Viuda y sin hijos, Leonor ya no tenía motivos para permanecer en Francia. Su hijastro, ahora Enrique II, nunca le había demostrado simpatía. El nuevo rey confiscó su dote, ni siquiera aceptó una despedida formal de su madrastra, ni le proporcionó una escolta. La reina viuda de Francia se marchó acompañada únicamente por un mayordomo y dos caballeros leales. En el camino, su equipaje fue registrado, pero Leonor tuvo la precaución en enviar sus joyas a Bruselas con anticipación. Partió a los Países Bajos en  noviembre de 1548. Tras un descanso de tres días en Hal (Bélgica) para recuperarse de unas fiebres, Leonor llegó a Bruselas el 5 de diciembre de 1548, donde recibió una cálida bienvenida. Permaneció en su tierra natal durante los siguientes ocho años.


Últimos años
La reina Leonor representada en busto, con toca de viuda (1550) de Jacques du Broeuq, Museo del Prado.

Carlos presentó su abdicación en 1555 y, al año siguiente, el 15 de septiembre, partió hacia España. Sus hermanas, Leonor y María, lo acompañaron al retiro. Llegaron a Laredo el 28 del mismo mes. Carlos se instaló en el monasterio de Yuste. No tenía intención de participar en el gobierno; su hijo Felipe permaneció en Países Bajos y su hija menor, Juana, se encargó de la regencia en España.

Para Juana de Austria, la llegada de sus tías a Valladolid constituía una carga. Recibió instrucciones de su hermano sobre como arreglar el palacio para acomodarlos a todos (las tías, su sobrino don Carlos y ella misma), trasladando las reuniones del consejo a otro edificio. Fue una situación tensa, incluso para los cortesanos. Una vez enviado de Londres a Valladolid para entregar los mensajes de Felipe, Ruy Gómez declaró que besaría las manos de la princesa Juana, pero no de la reina María de Hungría, porque solo respetaba la autoridad de "mi rey y su heredero". Gómez de esta manera señaló que Juana representaba a los soberanos de España, Carlos y Felipe. En una carta del 6 de noviembre de 1557, Juana describe a Ruy Gómez de Silva el altercado entre sus tías y el suegro de Gómez. Cuando Leonor y María salieron del palacio de Juana, ella confesó estar "extremo contenta porque no he visto peor compañía de la que ellas me hicieron". Leonor y su hermana se instalaron por un tiempo en Guadalajara, en el palacio del Infantado. Sin embargo, pronto se sintieron incómodas, pues el duque no parecía muy contento por recibir a tan importantes huéspedes. 

María de Portugal, duquesa de Viseu (1550-1555) de Antonio Moro, convento de las Descalzas Reales.

Los últimos días de Leonor fueron amargos. Como hermana fiel del emperador, sirvió como peón político y puso su vida al servicio del Imperio. Fue reina de Francia durante diecisiete años, un sacrificio en vano, pues no cesaron las hostilidades. Más de treinta años después,  Leonor esperaba que su única hija viviera con ella en España. Desafortunadamente, los años de separación crearon una brecha que no se podía cerrar. La figura materna en la vida de María fue su tía Catalina de Austria. En 1556, los ocho hijos de Juan III y Catalina habían fallecido, por lo tanto se resistían a alejarse de la infanta a la que habían criado como una hija. 

La reunión tuvo lugar en Badajoz, a principios de 1558. La infanta se mostró distante y no estaba dispuesta a vivir con su madre. Hubo otro motivo de por medio: Felipe planeaba casarse con la hija de Leonor. Esto cambió con el ascenso al trono de María Tudor en 1553, por lo cual, el matrimonio portugués fue descartado. La ruptura del compromiso supuso una afrenta para la corte lusa y complicó el encuentro entre madre e hija. La infanta María, a pesar de su belleza, erudición y riqueza, permaneció soltera y fue recordada como "la eterna novia".

Tras despedirse de la infanta, Leonor y María de Hungría iniciaron el viaje hacia el monasterio de Yuste. En el camino, tuvieron que detenerse en Talavera, donde Leonor sufrió unas fiebres y un ataque de asma que acabó con su vida el 18 de febrero de 1558. Los cuatro niños criados en Malinas siempre fueron muy unidos. Solo Isabel se había adelantado y ahora sus hermanos se le unirían. Leonor, Carlos y María murieron el mismo año. 

Panteón de los Infantes, Monasterio de El Escorial

La reina de Portugal y Francia fue enterrada en la catedral de Mérida. Más tarde, su hermano ordenó que sus restos fueran trasladados al monasterio de Yuste. En 1574, por orden de Felipe II, fueron llevados al monasterio de El Escorial, donde actualmente descansa, en el Panteón de los Infantes.

 


Fuentes:
Márquez de la Plata, V. (2019) Póker de Reinas: Las cuatro hermanas de Carlos V. [Versión Kindle] Ediciones Casiopea, España.

Norwich, J. (2017) Four Princes: Henry VIII, Francis I, Charles V, Suleiman the Magnificent and the Obsessions that Forged Modern Europe. Open Road + Grove/Atlantic. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=AG9IDQAAQBAJ&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [01/12/20]

Serrano, J.B (2018) As Avis: As Grandes Rainhas que partilharam o trono de Portugal na segunda dinastia [Digital] Esfera dos Livros, Portugal. 

Szászdi León-Borja, István. La reina de Portugal, doña Leonor, y sus propiedades en Canarias. Disponible: https://mdc.ulpgc.es/utils/getfile/collection/coloquios/id/1413/filename/1161.pdf [26/11/20]

Ylä-Anttila, Tupu (2019) Habsburg Female Regents in the Early 16th Century. University of Helsinki, tesis doctoral. Disponible: https://helda.helsinki.fi/handle/10138/307398 [30/11/20]

20 oct 2020

María Manuela de Portugal


Nació el 15 de octubre de 1527, en Coímbra. Era la segunda hija de Juan III de Portugal y Catalina de Austria. Ostentó el título de princesa heredera hasta la proclamación de Manuel en 1535, su hermano nacido en 1531.

Se crió en un ambiente severo y piadoso, marcado por la tragedia familiar, pues solo dos entre los nueve hijos de los reyes lusos sobrevivieron a la infancia. Ante la posibilidad de que María Manuela quede como única heredera, se propone un enlace con su tío, Luis de Portugal, hermano de Juan III. De esta manera, sus derechos sucesorios no saldrán de la casa de Avís. Pero la reina Catalina se inclina por otro destino para su hija: la unión con Felipe de Austria, hijo del emperador Carlos V. 

Compromiso con Felipe de Austria
Desde 1541, Catalina intercambiaba cartas con su hermano, el emperador, respecto al posible matrimonio. La idea fue bien recibida en la corte castellana, pues dicha unión abría la posibilidad de la unidad ibérica. 

El contrato matrimonial fue firmado el 1 de diciembre de 1542, en Lisboa, y ratificado el 26 de ese mismo mes en Alcalá de Henares. Los encargados de negociar las cláusulas fueron el conde de Vimioso, por parte portuguesa y por el lado castellano, Luis Sarmiento de Mendoza. Se acordó que la dote tendría un valor de 4000 cruzados de oro, a razón de 375 maravedís cada cruzado, que sería pagada en los siguientes dos años a la consumación. El emperador debía asignar anualmente 8.000.000 maravedís para el sustento y mantenimiento de la casa de su nuera (la cantidad se incrementaría hasta los 12.000.000 después de la muerte del emperador). El contrato fue confirmado por el príncipe Felipe el 12 de mayo de 1544.

María Manuela era prima de Felipe por partida doble. La reina Catalina era hermana de Carlos V y Juan III era hermano de la emperatriz, Isabel de Portugal. Meses después de la firma del contrato matrimonial, el emperador dirigió una carta a su hijo.

Hijo, placiendo a Dios, presto os casaréis, [...] quiero hablar sino en la exhortación que os tengo de dar para después de casado; y es hijo, que, por cuanto vos sois de poca y tierna edad y no tengo otro hijo si no vos, ni quiero haber otros, conviene mucho que os guardéis y que no os esforcéis a estos principios, porque demás que eso suele ser dañoso, así para el crecer del cuero como para darle fuerzas, muchas veces pone tanta flaqueza que estorba a hacer hijos y quita la vida como lo hizo al príncipe don Juan, por donde vine a heredar estos Reinos. Mirad qué inconveniente sería si vuestras hermanas y sus maridos os hubiesen de heredar y qué descanso para mi vejez si no es así, por eso os habéis mucho de guardar cuanto tuviéredes vuestra mujer. Y porque eso es algo dificultoso, el remedio es apartaros de ella lo más que fuere posible, y así os ruego y encargo mucho que, luego que habréis consumado el matrimonio, con cualquier achaque os apartéis, y que no tornéis tan presto, ni tan a menudo a verla, y cuando tornáredes, sea por poco tiempo (Queralt, 2014).

La comitiva castellana, encabezada por el duque de Medina Sidonia, partió de Sevilla el 5 de octubre de 1543. Según los cronistas, en la comitiva iban muchos caballeros andaluces con un copioso bagaje de oro y plata y telas riquísimas, tapices flamencos, y muchos caballos ricamente enjaezados. El 15 de octubre, la comitiva llegó a Badajoz, donde se unión el obispo de Cartagena, Juan Martínez Silíceo. 

La comitiva portuguesa, igualmente suntuosa, llegó a Elvas el 20 de octubre. Estaba previsto que la entrega de María Manuela se hiciera en la frontera, en la mitad de un puente sobre el río Caya. El acto tuvo lugar el 23 de octubre de 1543. El duque de Braganza, delegado principal de los reyes portugueses, procedió a la entrega de la princesa al duque de Medina Sidonia. Hubo algunos desacuerdos; mientras que la comitiva lusa era emisaria del rey, la castellana lo era de un príncipe, por lo tanto, los portugueses reclamaban derecho de precedencia. Pero los castellanos también se resistieron a ceder protagonismo. Tuvo que intervenir Sarmiento de Mendoza.

Ese momento, la princesa "vestía de raso blanco acuchillado de oro, con una gran capa morada sobre los hombros y el pelo cubierto por una red de oro; la mano izquierda enguantada y sujetando un abanico, y la derecha con todos los dedos cubiertos de sortijas".


¿Cómo era la princesa de Asturias?
El embajador Sarmiento, figura clave en las negociaciones, la describió de la siguiente manera: "La señora infanta es tan alta y más que su madre; es muy bien dispuesta; más gorda que flaca, y no de manera que no le esté muy bien; cuando era más muchacha era más gorda; en palacio, donde hay damas de buenos gestos, ninguna está mejor que ella. Dicen todos que es un ángel de condición y muy liberal, y es muy galana y muy amiga de vestirse bien; danza muy bien y sabe más del canto que un maestro de capilla, y también sabe latín; y sobre todo es muy buena cristiana...".
De acuerdo con Sandoval: "Era la princesa muy gentil dama, mediana de cuerpo y bien proporcionada de facciones, antes gorda que delgada, muy buena gracia en el rostro y donaire en la risa".

Alonso de Sanabria, quien figuraba en la comitiva de Medina Sidonia, proporciona una descripción más completa: "Es de gentil presencia y donaire, en el mirar grave, las facciones de su rostro bien ordenadas, es muy blanca, la frente grande, las cejas por naturaleza bien puestas; los ojos grandes, la boca pequeña, el labio de abajo un poco caído, las manos en extremo lindas, toda su persona muy abultada y tal que parece que una feliz fortuna estaba obligada a hacerla gran señora, sobre la natural disposición exterior que Dios le ha dado".

Todas las descripciones sobre María Manuela coinciden en que era gorda; esa tendencia a la obesidad la había heredado de su madre. También poseía el labio inferior caído, rasgo distintivo de los Habsburgo. Sin embargo, también concuerdan en que es una joven bonita y grácil.

Boda
María Manuela llegó a Salamanca el 12 de noviembre de 1543. La nueva princesa de Asturias es recibida en la ciudad universitaria con arcos de triunfo. Antes de llegar a Salamanca, donde se celebraría la boda, la comitiva se detuvo en Aldeanueva. Felipe se dirigió a ese lugar para encontrarse con su esposa. Según el relato, Felipe estaba oculto detrás de unas mantas colgadas en un corredor, por donde pasaría la princesa. Al pasar María Manuela, don Antonio de Rojas levantó las mantas, quedando Felipe al descubierto. Se dice que una dama portuguesa exclamó "o Deus que bello menino".
María Manuela participó en aquel juego cortés, escondiendo su rostro con un abanico. Alfonso de Sanabria escribió que la princesa se comportó con "hermosa disimulación":

El príncipe descubrió el rostro. La princesa cambió de color y redobló su belleza (Silleras-Fernández)

Los jóvenes se casaron el 14 de noviembre, con la bendición del arzobispo de Toledo. La princesa traía "una cota de raso carmesí bordada de oro y la tela de oro en raso blanco con una delantera de raso blanco altibajo bordada de oro, cofia de oro con muchas joyas, cordón rico y gorra aderezada con su fin amarillas de telilla justas de oro pardo". El príncipe vestía de blanco.


Princesa de Asturias: casa y matrimonio 
Después de las celebraciones por la boda, María Manuela y Felipe se retiraron a sus habitaciones para la consumación. Sin embargo, Juan de Zúñiga, ayo del príncipe, solo permite que permanezcan juntos unas pocas horas, en cumplimiento de las órdenes del emperador. La relación entre los príncipes parecía condenada al fracaso. Las restricciones en su vida íntima, además del hecho de que ambos contrajeron sarna y tuvieron que separarse, pudieron influir en el desapego de Felipe hacia su esposa. 

Después de los festejos, los príncipes visitaron Tordesillas, donde residía la reina Juana, abuela de ambos. En ese lugar vivió Catalina de Austria, donde pasó sus duros años de niñez.  

Tal como Juan de Zúñiga vigilaba al príncipe y se aseguraba de cumplir con los preceptos paternos, Margarita de Mendoza hacía lo mismo con la princesa e informaba a la reina Catalina. La madre se preocupa por la gordura de María, pues come carne cuatro veces al día. Le envía consejos para su vida matrimonial.

Procura enterarte de cuanto hacía la difunta madre de tu marido, de cómo vivía, de cuáles eran sus gustos y repugnancias, sus ideas y costumbres, para poder tú conducirte de análoga manera. No consientas que en tu presencia se mantengan conversaciones libertinas en tu cámara, a menos que tu esposo esté contigo; deben acompañarte por la noche varias damas de honor. Pon todos tus sentidos y energía en el propósito de no darle jamás una impresión de celos, porque ello significaría el final de vuestra paz y contento. Nunca trates de ganarte la confianza de tu esposo o la inclinación de tu suegro, el emperador, por mediación de tercera persona, sino única y exclusivamente por ti misma. Guarda con extrema fidelidad los secretos que tu marido tenga a bien confiarte (Enrique, 2012, p. 55)

Pronto surgen quejas sobre el trato de Felipe hacia su mujer. Incluso corre el rumor de que tiene una amante, Isabel de Osorio. Por otro lado, los castellanos se quejaban por el gran número de servidores portugueses en la casa de María Manuela. Los principales cargos estaban ocupados por personas próximas a los soberanos lusos, como Alexo de Meneses, mayordomo mayor, y Margarita de Mendoza, camarera mayor. Estas designaciones supusieron una dura pugna entre el emperador y los reyes portugueses, ya que Carlos había elegido para tales cargos a los marqueses de Lombay, Francisco de Borja y Leonor de Castro.
La noticia de su embarazo, en otoño de 1544, calmó el malestar de la corte. 

Muerte
El 8 de julio de 1545, en Valladolid, la princesa trajo al mundo a un hijo, nombrado Carlos, como su abuelo paterno. En una carta de Felipe a su padre, le hace saber que fue un parto laborioso.

La Princesa continuó su preñado con salud hasta que ayer á media noche plugo á Nuestro Señor alumbrarla con bien de un hijo, y aunque tuvo el parto trabajoso, porque duró cerca de dos días, ha quedado muy buena... (Colección de documentos, p. 468) 

El 12 de julio, cuatro días después de su parto, María Manuela falleció. La princesa fue sometida a un brutal tratamiento consistente en sangrías y baños fríos. Además de la infección puerperal, desarrolló una fuerte pulmonía. Fray Prudencio de Sandoval señala "Dixose que murió de mudarse la ropa sin tiempo, y otros de comer un limón, estando recién parida"Sepúlveda contó:

Se complicó por culpa de las comadronas, que, por ignorancia y necia condescendencia, le cambiaron la camisa y no la vendaron con la debida presión ni la administraron lo demás que la costumbre prescribe en estos casos; de donde, siguiéndose la fiebre, a los cuatro días murió... (Fernández, p.114)

En cuanto a la reacción de Felipe, escribe Francisco de los Cobos al emperador:

El príncipe está profundamente apenado, y esto prueba que la quería, aunque, juzgando, por algunas apariencias, algunos creyeron lo contrario. Decidió de irse esta misma noche al monasterio de Abrojo, donde había un buen alojamiento para él en la casa que se acababa de arreglar. Estaba tan triste que no permitió que nadie le viese (Molinié-Bertrand, p. 221).

Las exequias reales tuvieron lugar en la iglesia de San Pablo de Valladolid. Más tarde, el féretro fue trasladado a Granada. En 1574 fue llevado al Monasterio de El Escorial, donde descansa actualmente. María Manuela fue madre del tristemente famoso príncipe don Carlos. Aunque su hijo no vivió lo suficiente para suceder a Felipe II, la unión de Felipe y María Manuela constituye una etapa destacada en el camino de alianzas entre España y Portugal. 

Carlos de Austria

En 1580, tras la proclamación de Felipe como rey de Portugal, se logró la anhelada unificación de la península ibérica. El marqués de San Lucindo estaba convencido de que las cuatro esposas del monarca contemplaban desde el cielo ese gran momento: la última esposa, Ana de Austria, a quien llamó Sol de Austria; la tercera, Isabel de Valois, Luna de Francia; la segunda, María Tudor, Estrella de Inglaterra; y la primera, aquella que fue su esposa hace más de treinta años, María Manuela, de Portugal, Planeta de Lusitania.




Bibliografía:
Boda de Felipe II con María Manuela de Portugal/ transcripción del texto María Margarita Conde Benavides. Biblioteca Nacional. Disponible: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcj9640 [20/10/20] 

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Molinié-Bertrand, A. y Duviols, J. (1999) Iberica. Presses Paris Sorbonne. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=PkA0mAeVeTUC&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [20/10/20]

Queralt del Hierro, M. (2014) Reinas en la sombra. EDAF. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=UheGBAAAQBAJ&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [18/10/20]

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Villacorta Baños-García, A. (2011) Las cuatro esposas de Felipe II. Ediciones Rialp. Disponible en: https://books.google.com.mx/books?id=6iuSDwAAQBAJ&lpg=PP1&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [17/10/20]