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1 dic 2020

Leonor de Austria, reina de Portugal y de Francia



Nacimiento y primeros años
La primogénita de Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo nació el 15 de noviembre de 1498 en Lovaina, cerca de Bruselas. Aunque el sexo de la recién nacida provocó decepción, el parto había sido rápido y fácil, a pesar de que la madre era primeriza. Fue bautizada en la catedral de Santa Gúdula; sus padrinos fueron su abuelo, el emperador Maximiliano, y la madrastra de este, Margarita de York. En 1506, sus padres viajaron a Castilla para asumir el trono. 

Leonor permaneció en Flandes bajo el cuidado de su tía, Margarita de Austria. Se crió junto a su hermano Carlos y sus hermanas, Isabel y María. A pesar de la ausencia de sus padres, tuvieron una infancia feliz. Además de sus estudios, se dedicaban a divertirse. Por ejemplo, se paseaban en el carro o se deslizaban sobre un trineo cuando nevaba.

En sus primeros años, las archiduquesas eran supervisadas por Anne de Beaumont. Bajo las enseñanzas de Henry Bredemerst, aprendieron a tocar la espineta y el clavicordio. Practicaban su escritura enviando mensajes cordiales dentro de su propia familia. Por ejemplo, en una misiva que data aproximadamente de 1507, Leonor le comunica a su tía: notre grant Pere nous a venu visiter de quoy nous avons un grant joie [nuestro abuelo nos visitó, lo que nos hizo muy felices]. Aunque los niños eran capaces de escribir a su tía de su propia mano, también usaron secretarios, que también eran empleados para traducir las cartas, pues no todos los Habsburgo tenían un idioma común. La mayoría de los miembros de la familia dominaban al menos dos idiomas, aprendiendo el segundo en la adultez. 
En 1512, cuando Leonor tenía catorce, Margarita menciona en una carta al secretario de las niñas, Jean Le Veau. 

Los hijos de Juana y Felipe tuvieron una enorme importancia en el tablero político de la Europa del siglo XVI. Durante sus primeros años, Leonor tuvo varias propuestas matrimoniales. En 1510, se discutió su unión con el duque Antonio de Lorena. En 1514, fue solicitada como esposa para Cristián II de Dinamarca, pero el emperador prefirió concederle la mano de Isabel. El emperador también contempló la posibilidad de comprometer a Leonor con el rey de Polonia. Otro candidato fue el futuro Enrique VIII de Inglaterra. En 1514, Luis XII de Francia quiso volver a casarse y Fernando propuso como novia a su nieta Leonor.

A los dieciocho años, Leonor se enamoró de Federico del Palatinado. Carlos fue avisado e interceptó la correspondencia de los enamorados. El archiduque confrontó a su hermana, a quien descubrió leyendo una carta de Federico. Ambos fueron interrogados individualmente y negaron cualquier compromiso entre ellos. Federico fue expulsado de la corte. Leonor tuvo que renunciar al sueño de la felicidad personal y aceptar su destino como dócil instrumento de la política imperial. Tanto así que Carlos siempre se refirió a ella como "mi mejor hermana".

De Jan Gossaert, 1516, Museo de Arte de Worcester

El 8 de septiembre de 1517, tras la muerte de su abuelo materno, Fernando de Aragón, Carlos partió de Flandes para asumir el trono de Castilla y Aragón. Leonor lo acompañó. A principios de noviembre llegaron a Tordesillas, donde residía su madre y su hermana menor, la infanta Catalina. Esa reunión también tenía un trasfondo político, pues el objetivo era garantizar el consentimiento de la reina Juana para el gobierno de Carlos. Estuvieron presentes el señor de Chièvres y Anne de Beaumont. Cuando Juana los vio, dijo: "Pero, ¿sois mis hijos? Que rápido crecisteis". La reina no reconoció en los jóvenes archiduques a los niños de los que se había despedido once años antes. Después de las honras fúnebres por el descanso de su padre, Felipe, partieron hacia Valladolid.

Reina de Portugal
Después de asumir el poder, Carlos utilizó a su hermana mayor para estrechar lazos con el reino vecino. En un principio, estaba previsto que Leonor se casaría con su primo, el príncipe Juan de Portugal, pero el padre reclamó para sí la mano de la archiduquesa. La novia recibió 200,000 doblas castellanas como dote. Su madre, Juana de Castilla, le otorgó las aguas y predios sin dueño de las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma. La boda por poderes tuvo lugar el 16 de julio de 1518; Álvaro da Costa representó a la persona del rey portugués. El barón de Trazegnies tenía la tarea de entregar a la archiduquesa a su marido e investir al rey de Portugal en la Orden del Toisón de Oro.

El matrimonio se celebró en Lisboa el 24 de noviembre. Para el rey, era su tercera boda y Leonor era sobrina de sus dos primeras esposas. Manuel era veintinueve años mayor que su nueva consorte.  Sin embargo, la diferencia de edad no era precisamente una desventaja, pues era probable que Leonor enviudará pronto y estuviera disponible para nuevas alianzas. 

Casamiento de Santo Aleixo (1541) de García Fernandes. Durante mucho tiempo fue identificada como una representación de la boda de Manuel y Leonor

¿Cómo era la joven reina de Portugal? Las crónicas coinciden en que era una mujer virtuosa, grácil y talentosa. El embajador portugués en Bruselas describió a Leonor como una mujer no fea, pero tampoco muy hermosa. Más tarde, a sus veintiocho años, el embajador veneciano la describió en términos similares: "no fea ni hermosa". Era de tez blanca, cabello claro y con el prominente labio de los Habsburgo.

El 18 de febrero de 1520, Leonor dio a luz a un varón al que llamaron Carlos, como su tío. El feliz acontecimiento no tuvo el impacto habitual, pues el rey ya contaba con varios hijos de su anterior matrimonio. Quince meses después, el infante murió. Para ese entonces, la reina ya se encontraba encinta de nuevo. El 8 de junio de 1521 nació la infanta María. Las madrinas fueron sus hijastras, Isabel y Beatriz, y los padrinos fueron los embajadores del duque de Saboya. 

Infanta María, de Francisco de Holanda, 1540.

La reina Leonor mantuvo una buena relación con sus hijastras. Dada la cercanía de edad, fue más una amistad fraterna que un sentimiento materno. En 1526, la infanta Isabel se casó con Carlos de Austria, lo que las convirtió en cuñadas.

El 13 de diciembre, el rey Manuel murió de peste. Tras este luctuoso suceso, Leonor decidió retirarse al convento de Odivelas. El nuevo rey, Juan III, se enteró de las intenciones de su madrastra y le pidió que esperara indicaciones del emperador. La reina viuda no tuvo más remedio que partir hacia Xabregas, donde dedicó su tiempo a oraciones y caridad. Mientras tanto, los asesores portugueses resolvían la situación de Leonor. Teóricamente, según el contrato matrimonial, la reina viuda podía salir de Portugal con su hija y el valor de sus arras. Pero esto perjudicaría las finanzas del reino, por lo que se sugirió que el rey debía casarse con la viuda de don Manuel. No obstante, Carlos I optó por el regreso de su hermana. En las cortes europeas corrió el rumor de que el rey Juan estaba enamorado de su madrastra.

Juan III de Portugal, de Cristóvão Lopes, Museu de São Roque

El rey de Portugal casi aceptó que la infanta acompañará a su madre, pero la ciudad de Lisboa se opuso. El embajador de Carlos insistió, pero Juan III alegó que él era el legítimo tutor de su hermana. La reina viuda de Portugal viajó a Castilla en mayo de 1523. Fue su hermana menor, Catalina de Austria, quien se casaría con el rey Juan.

Reina de Francia
Leonor estuvo brevemente prometida al duque de Borbón, quien había traicionado al rey de Francia. En 1525, Francisco I fue derrotado en la batalla de Pavía y cayó prisionero del emperador. Leonor estuvo involucrada en las negociaciones de paz entre Carlos y Francisco. Luisa de Saboya, madre de Francisco, escribió a Leonor, quien le respondió en mayo de 1525 expresando su compromiso de garantizar la paz entre ambos monarcas. Al año siguiente se firmó el Tratado de Madrid, por el cual, Leonor fue prometida a Francisco de Francia. Sin duda, esa era una mejor perspectiva que casarse con un duque que había traicionado a su propio país. El 19 de enero de 1526, Leonor y Francisco se prometieron en matrimonio por poderes.

Leonor viajó con Germana de Foix, viuda de su abuelo Fernando, desde Toledo a Illescas, donde se reuniría con Francisco y Carlos. Cuando se conocieron, Leonor se arrodilló frente a su futuro marido y se dispuso a besarle la mano. Francisco la levantó diciendo "no es la mano lo que debo darte, sino la boca". Después la besó y la llevó del brazo. En esos días de festejos, Francisco se mostró amable y galante con su futura esposa. Pero Carlos fue cauteloso y no permitió que estuvieran solos, pues temía que el rey francés no cumpliera con las disposiciones del tratado. Francisco regresó a Francia en marzo de 1526.

Francisco I con Leonor, atribuido a la Escuela Francesa

Francisco fue liberado a cambio del cautiverio de sus hijos, el delfín y el duque de Orleans. Leonor sufrió una decepción, pues una vez libre, Francisco se negó a cumplir con los términos del Tratado de Madrid y las hostilidades se reanudaron. Estas se prolongaron hasta a agosto de 1529, con la Paz de Cambrai (también llamada Paz de las Damas), negociada por Margarita de Austria y Luisa de Saboya. Se acordó la liberación de los rehenes franceses, así como el reconocimiento de Leonor como esposa de Francisco. El 20 de marzo de 1530 se celebró el matrimonio por poderes. Leonor y sus hijastros emprendieron el viaje hacia Francia.

Leonor fue recibida con afecto y alegría por el pueblo francés, ya cansado de las guerras contra el emperador. El condestable Montmorency admiraba a la nueva reina y la presentó al país como un símbolo de paz. Fue coronada el 31 de mayo de 1531 en Saint-Denis. Mientras la reina entraba solemnemente a París, en una litera tapizada con telas de oro y vestida con túnicas de púrpura y armiño, el rey Francisco fue visto en una ventana acompañado por su amante, Ana de Pisseleu, permaneciendo con ella durante más de dos horas. Al año siguiente, en las fiestas celebradas en su honor en la ciudad de Rouen, el poeta Theodore de Bèze comparó a la reina Leonor con Helena de Troya: "pero si ambas son bellas, la belleza de una desencadena la guerra, la belleza de la otra consolida la paz".

Esta unión no colmó sus expectativas personales y políticas; Leonor no influía en su marido, ni tuvo descendencia con él. Francisco no estaba interesado en su esposa, quien seguramente le traía recuerdos de su cautiverio en España.  Sus tirantes relaciones con el emperador tampoco ayudaban mucho. Para ese entonces, Leonor ya había perdido su belleza. Su salud se tornó delicada y padecía elefantiasis (una enfermedad que causa hinchazón, especialmente en las piernas).  Incluso cuatro años antes de su boda con Francisco, se informó que se había vuelto corpulenta, de rasgos gruesos y con manchas rojas en la cara "como si tuviera elefantiasis".

De Joos van Cleve, 1530, Museo Condé

Al no poder ejercer influencia alguna que pudiera beneficiar a su hermano, la reina Leonor se dedicó a una vida piadosa y discreta. No hablaba con su esposo muy a menudo y, cabe resaltar, el idioma no era una barrera, pues Leonor dominaba el francés. La hermana del rey, Margarita de Angulema, le dijo al duque de Norfolk que no había hombre menos satisfecho con su mujer que su hermano.

La relación de Leonor con el delfín Francisco fue buena. Además, parecían destinados a convertirse en suegra y yerno, pues él estaba comprometido con María de Portugal. Lamentablemente, el joven murió a los veinte años y fue sucedido como delfín por su hermano Enrique, quien era hostil a los Habsburgo. Luisa de Saboya murió en 1531 y su cuñada, Margarita de Navarra, la ignoró desde el momento en que llegó a Francia.

El 31 de marzo de 1547, muere Francisco I. Viuda y sin hijos, Leonor ya no tenía motivos para permanecer en Francia. Su hijastro, ahora Enrique II, nunca le había demostrado simpatía. El nuevo rey confiscó su dote, ni siquiera aceptó una despedida formal de su madrastra, ni le proporcionó una escolta. La reina viuda de Francia se marchó acompañada únicamente por un mayordomo y dos caballeros leales. En el camino, su equipaje fue registrado, pero Leonor tuvo la precaución en enviar sus joyas a Bruselas con anticipación. Partió a los Países Bajos en  noviembre de 1548. Tras un descanso de tres días en Hal (Bélgica) para recuperarse de unas fiebres, Leonor llegó a Bruselas el 5 de diciembre de 1548, donde recibió una cálida bienvenida. Permaneció en su tierra natal durante los siguientes ocho años.


Últimos años
La reina Leonor representada en busto, con toca de viuda (1550) de Jacques du Broeuq, Museo del Prado.

Carlos presentó su abdicación en 1555 y, al año siguiente, el 15 de septiembre, partió hacia España. Sus hermanas, Leonor y María, lo acompañaron al retiro. Llegaron a Laredo el 28 del mismo mes. Carlos se instaló en el monasterio de Yuste. No tenía intención de participar en el gobierno; su hijo Felipe permaneció en Países Bajos y su hija menor, Juana, se encargó de la regencia en España.

Para Juana de Austria, la llegada de sus tías a Valladolid constituía una carga. Recibió instrucciones de su hermano sobre como arreglar el palacio para acomodarlos a todos (las tías, su sobrino don Carlos y ella misma), trasladando las reuniones del consejo a otro edificio. Fue una situación tensa, incluso para los cortesanos. Una vez enviado de Londres a Valladolid para entregar los mensajes de Felipe, Ruy Gómez declaró que besaría las manos de la princesa Juana, pero no de la reina María de Hungría, porque solo respetaba la autoridad de "mi rey y su heredero". Gómez de esta manera señaló que Juana representaba a los soberanos de España, Carlos y Felipe. En una carta del 6 de noviembre de 1557, Juana describe a Ruy Gómez de Silva el altercado entre sus tías y el suegro de Gómez. Cuando Leonor y María salieron del palacio de Juana, ella confesó estar "extremo contenta porque no he visto peor compañía de la que ellas me hicieron". Leonor y su hermana se instalaron por un tiempo en Guadalajara, en el palacio del Infantado. Sin embargo, pronto se sintieron incómodas, pues el duque no parecía muy contento por recibir a tan importantes huéspedes. 

María de Portugal, duquesa de Viseu (1550-1555) de Antonio Moro, convento de las Descalzas Reales.

Los últimos días de Leonor fueron amargos. Como hermana fiel del emperador, sirvió como peón político y puso su vida al servicio del Imperio. Fue reina de Francia durante diecisiete años, un sacrificio en vano, pues no cesaron las hostilidades. Más de treinta años después,  Leonor esperaba que su única hija viviera con ella en España. Desafortunadamente, los años de separación crearon una brecha que no se podía cerrar. La figura materna en la vida de María fue su tía Catalina de Austria. En 1556, los ocho hijos de Juan III y Catalina habían fallecido, por lo tanto se resistían a alejarse de la infanta a la que habían criado como una hija. 

La reunión tuvo lugar en Badajoz, a principios de 1558. La infanta se mostró distante y no estaba dispuesta a vivir con su madre. Hubo otro motivo de por medio: Felipe planeaba casarse con la hija de Leonor. Esto cambió con el ascenso al trono de María Tudor en 1553, por lo cual, el matrimonio portugués fue descartado. La ruptura del compromiso supuso una afrenta para la corte lusa y complicó el encuentro entre madre e hija. La infanta María, a pesar de su belleza, erudición y riqueza, permaneció soltera y fue recordada como "la eterna novia".

Tras despedirse de la infanta, Leonor y María de Hungría iniciaron el viaje hacia el monasterio de Yuste. En el camino, tuvieron que detenerse en Talavera, donde Leonor sufrió unas fiebres y un ataque de asma que acabó con su vida el 18 de febrero de 1558. Los cuatro niños criados en Malinas siempre fueron muy unidos. Solo Isabel se había adelantado y ahora sus hermanos se le unirían. Leonor, Carlos y María murieron el mismo año. 

Panteón de los Infantes, Monasterio de El Escorial

La reina de Portugal y Francia fue enterrada en la catedral de Mérida. Más tarde, su hermano ordenó que sus restos fueran trasladados al monasterio de Yuste. En 1574, por orden de Felipe II, fueron llevados al monasterio de El Escorial, donde actualmente descansa, en el Panteón de los Infantes.

 


Fuentes:
Márquez de la Plata, V. (2019) Póker de Reinas: Las cuatro hermanas de Carlos V. [Versión Kindle] Ediciones Casiopea, España.

Norwich, J. (2017) Four Princes: Henry VIII, Francis I, Charles V, Suleiman the Magnificent and the Obsessions that Forged Modern Europe. Open Road + Grove/Atlantic. Disponible: https://books.google.com.mx/books?id=AG9IDQAAQBAJ&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [01/12/20]

Serrano, J.B (2018) As Avis: As Grandes Rainhas que partilharam o trono de Portugal na segunda dinastia [Digital] Esfera dos Livros, Portugal. 

Szászdi León-Borja, István. La reina de Portugal, doña Leonor, y sus propiedades en Canarias. Disponible: https://mdc.ulpgc.es/utils/getfile/collection/coloquios/id/1413/filename/1161.pdf [26/11/20]

Ylä-Anttila, Tupu (2019) Habsburg Female Regents in the Early 16th Century. University of Helsinki, tesis doctoral. Disponible: https://helda.helsinki.fi/handle/10138/307398 [30/11/20]

10 jun 2020

Leonor de Aquitania (Parte 2)

Reina de Inglaterra
Durante el viaje a Poitiers, Leonor sufrió dos intentos de secuestro por parte de dos hombres con los ojos puestos sobre su vasta herencia. En Blois, el futuro conde Teobaldo V conspiró para apoderarse de ella en la noche del 21 de marzo de 1152. Advertida a tiempo, se vio obligada a huir al amparo de la oscuridad, tomando una barcaza a lo largo del Loira hacia Tours. Más al sur, en Port des Piles, cerca del río Creuse, Godofredo de Anjou, hermano menor de Enrique, la esperaba. Una vez más, recibió una advertencia de "su buen ángel" -posiblemente un miembro de su escolta- y evadió por poco la captura, girando hacia el sur. Claramente, su matrimonio con Enrique de Anjou tenía que arreglarse sin demora. Tan pronto como llegó a la capital, a tiempo para Pascua, Leonor envió emisarios ante Enrique, pidiéndole que acudiera de inmediato y se casara con ella. Esto no era necesariamente una propuesta, como algunos escritores han inferido, ya que es posible que la pareja ya había acordado el matrimonio. (Weir, 1999, p. 93)

Leonor puso mucho empeño en la labor de gobernar y subrayó su autonomía al anular los decretos hechos por Luis en Aquitania. Ella parecía disfrutar su independencia y, para mantenerla, requería un marido indulgente. El 18 de mayo, Enrique y Leonor se casaron en Poitiers, "sin la pompa y ceremonia que correspondía a su rango". Entre ellos existía el mismo grado de afinidad que habían tenido Leonor y Luis. Como vasallos, se supone que debían pedir permiso al rey de Francia, pero, era evidente que Luis no permitiría una alianza entre ellos. Por lo tanto, esta boda sin consentimiento real fue considerada un acto de gran provocación. Leonor y Enrique hicieron todo lo posible por mantener sus negociaciones matrimoniales en secreto. Tuvieron tanto éxito en esto que ninguna documentación sobrevive y pocos de sus contemporáneos descubrieron cómo se había producido la unión. (Weir, p. 94)

Leonor ahora era duquesa de Aquitania y Normandía y condesa de Poitiers y Anjou. Enrique había adquirido por matrimonio casi la mitad de lo que ahora es la Francia moderna. Ella era once años mayor que Enrique, pero tenía más en común con él que con Luis. Ambos eran ambiciosos y enérgicos. Enrique era notoriamente adúltero. Sin embargo, Leonor le daría ocho hijos, lo cual demuestra que visitaba su alcoba con regularidad.   

La madre de Enrique era Matilde, hija de Enrique I de Inglaterra. Cuando el padre de Matilde murió, en 1135, ella estaba en Anjou y embarazada, lo cual le dio oportunidad a su primo, Esteban de Blois, de tomar el trono inglés. Enrique partió a Inglaterra con un ejército, con el fin de enfrentarse al rey Esteban y reclamar el trono. Llegó en enero de 1153. Leonor se quedó a cargo de Aquitania y Anjou; mientras su marido estaba fuera, el 17 de agosto dio a luz a su primer hijo, Guillermo. 

Antes de su partida, Enrique visitó a su madre, la emperatriz Matilde. Sería interesante conocer más detalles sobre las interacciones entre Leonor y su suegra. No hay evidencia de que hayan sido particularmente cercanas. Se cree que la relación fue distante, debido a los rumores de que Leonor había tenido un aventura con el padre de Enrique. Además, Leonor pudo albergar resentimiento por la influencia de la emperatriz sobre su hijo.

Mientras tanto, en Inglaterra, Esteban y Enrique llegaron a un acuerdo respecto a la sucesión; a principios de 1154, el joven duque regresó a Normandía como heredero del trono inglés. No tuvo que esperar mucho para reclamar su herencia, pues el 25 de octubre falleció el rey Esteban.
 
Leonor y Enrique II. Ilustración del manuscrito Lancelot del Lago de Gautier Map

El 8 de diciembre, Leonor y Enrique llegaron a su nuevo reino. De inmediato se dirigieron a Londres; el 19 de diciembre, el domingo antes de Navidad, fueron coronados en la abadía de Westminster como rey y reina de Inglaterra. Su primera residencia en Inglaterra no fue el palacio de Westminster, en ese entonces deteriorado, sino una residencia más cómoda en Bermondsey, al otro lado del Támesis, desde la sombría Torre del Conquistador y no muy lejos de la bulliciosa vida comercial de los muelles. Fue en Bermondsey donde, apenas dos meses después de la coronación, nació su segundo hijo, Enrique en febrero de 1155. Para el verano del año siguiente, gracias al celo del nuevo canciller del rey, el Palacio de Westminster había sido restaurado. (Owen, 1993, p. 36 y 42)

La nueva reina encontró en la corte inglesa un entorno muy diferente al que ella estaba acostumbrada en Poitiers. No había signos de frivolidad, trovadores ni juglares. El palacio de Westminster fue renovado con su gusto habitual por la elegancia, importando tapices, cojines de seda, aceite para lámpara e incienso. También importaba especias exóticas para su cocina y vinos de Burdeos, ya que no podía soportar la pesada cerveza inglesa. Ella importó su estilo de vida y sus intereses por las artes. Puso en contacto al reino isleño con las ideas de caballería y romance. Aunque los eclesiásticos, como lo habían hecho en París, alzaron las cejas ante los llamativos caballeros y trovadores que frecuentaban la corte de Leonor en Westminster (temían que pudieran contaminar a la juventud inglesa) no pudieron detener su influencia. (Schoyer, 1999, p. 79)

Se esperaba que una reina aportará descendencia a la casa real. Y Leonor cumplió con su principal función. Tuvo cinco hijos y tres hijas: Guillermo, el único que murió en la infancia; Enrique, el primer hijo nacido en Inglaterra; Matilde, nacida en 1156; Ricardo Corazón de León, nacido en 1157; Godofredo, en 1158; Leonor, en 1162; Juana, en 1165; y el menor, conocido como Juan Sin Tierra, en 1166.

Descendientes de Enrique II, fuente

Enrique II era un apasionado de la justicia, prestó la debida atención al orden público y se esforzó por revivir el vigor de las leyes de Inglaterra. Dividió el país en regiones administrativas e instituyó circuitos legales, mediante los cuales sus jueces visitaban cada región para asegurarse de que se mantuviera la Paz del Rey. Durante sus viajes a través del reino, el propio Enrique presidiría estos tribunales, y sus juicios tenían fama de ser tan justos que cualquier persona con un buen caso estaba ansioso de que lo escuchara. Enrique también "vigiló celosamente los intereses reales", aumentando juiciosamente la riqueza y el prestigio de la corona al tiempo que frenaba el poder de sus barones. Lo que hizo posible todo esto fue el fuerte deseo de paz por parte de la aristocracia y el pueblo después de la anarquía que predominó durante el reinado de Esteban. Para el verano de 1155, gracias al genio de Enrique II por el buen gobierno, el orden se había restablecido dentro del reino con tal minuciosidad que permanecería en paz durante casi dos décadas. (Weir, pp. 126 y 127)

Cuando se convirtió en reina, a sus treinta y dos años, Leonor ya era una leyenda. En un breve poema conservado en los Carmina Burana, es elogiada: 
Si el mundo entero fuera mío,
desde el mar hasta el Rhin,
Todo lo daría
Por tener en mis brazos
A la reina de Inglaterra. 
(Wade, 2003, p. 77)
Sus embarazos no le impidieron viajar con su esposo, ni ocuparse del gobierno en su ausencia. Expidió sus propios documentos, administró justicia y se mostró como una soberana severa:
Los monjes de Reading me han presentado la queja de que les ha sido confiscado injustamente su campo en Londres... Os ordeno que investiguéis sin demora si así fue y, si resulta que el asunto es cierto, devolvedles de inmediato su tierra a los monjes, de modo que no tenga que oír en el futuro ninguna queja por falta de justicia; no permito que pierdan injustamente algo que les pertenece. (Gottschalk, 2012, pp. 3 y 4)
Sin embargo, a pesar de su fama, durante los treinta y cinco años del reinado de Enrique, los cronistas apenas la mencionan, a menos que sea para registrar su presencia al lado del rey o los nacimientos de sus hijos. Por lo tanto, la mayoría de sus biógrafos modernos concluyen que disfrutaba de poco poder político como reina, y que Enrique se ocupaba de que su papel fuera puramente dinástico y ceremonial. Sin embargo, hay evidencia en documentos oficiales de que se le permitió cierta autonomía en la toma de decisiones y una considerable responsabilidad en asuntos administrativos, especialmente durante las frecuentes ausencias de su esposo, aunque no tomó decisiones importantes que afectarán la política. Thomas Agnell, archidiácono de Wells, la llamó "una mujer de gran discernimiento", refiriéndose tal vez a su gusto más que a su juicio. Gervase de Canterbury la describió como "una mujer extremadamente astuta, nacida de la nobleza, pero voluble". (Weir, p. 132)

 Detalle de miniatura, Henry II y su reina recibiendo al enviado de Felipe Augusto, del siglo XIV, Fuente

Como reina, Leonor era muy rica, a pesar de que su asignación era idéntica a la de Isabel de Angulema y tenía las mismas tierras que le habían sido asignadas a las consortes de Enrique I y Esteban. Aunque su riqueza no provenía de fuentes convencionales; su esposo le asignó numerosas propiedades que le proporcionaban ingresos en forma de alquileres anuales e impuestos. Aunque existe poca documentación al respecto, es casi seguro que Leonor fue la primera reina inglesa a la que se le otorgó el derecho de reclamar el "oro de la reina". También fue una mujer pía y gran benefactora de instituciones religiosas, especialmente en Poitiers y Aquitania. (Weir, p. 134 y 135)

Conflictos familiares
Conforme los hijos de Leonor se hacían mayores, las tensiones también crecían. En 1169, Enrique II declaró cómo pretendía dividir su imperio después de su muerte. Acompañado por sus hijos, Enrique y Ricardo, el rey conoció a Luis de Francia en el castillo de Montmirail, al norte de Francia. El resultado del encuentro, el Tratado de Montmirail, especificaba que el príncipe Enrique heredaría Inglaterra, Normandía y Anjou; Ricardo heredaría Aquitania, como vasallo del rey de Francia; y Godofredo recibiría Bretaña, como vasallo de su hermano Enrique. Además, Ricardo se casaría con Adela, hija del rey Luis y su segunda esposa, Constanza de Castilla. Según los términos de este tratado, el príncipe Juan, de tres años, no debía recibir nada. Incluso a esa edad, Enrique II y Leonor planearon una carrera eclesiástica para él. En broma, Enrique le dio el apodo de "Sin Tierra", que lo acompañaría durante muchos años. (Hilliam, 2004, pp. 54 y 56)

La mayoría de los cronistas estaban desconcertados por la decisión de Enrique II de dividir su imperio, y la mayoría de los historiadores modernos han desarrollado teorías sobre por qué lo hizo. De acuerdo con Alison Weir, Enrique había descubierto lo complicado que era gobernar un conjunto de territorios tan difíciles de gestionar, mientras que su comportamiento posterior sugiere que no confiaba en ninguno de sus hijos para mantener la autoridad y el control de la manera más efectiva posible. Dividir el imperio entre ellos, por lo tanto, garantizaría un gobierno más efectivo después de su muerte y también mantendría estos territorios bajo el dominio angevino. (Weir, pp. 183 y 184)

Leonor y Rosamund, de Evelyn de Morgan, fuente

En 1168, Leonor regresó a Poitiers. Cuando tomó la decisión de partir, tenía cuarenta y seis años, ya era una mujer mayor para los estándares medievales, mientras que Enrique, a sus treinta y cinco, era un hombre vigoroso. Al dar a luz ocho hijos, Leonor pudo considerar que había cumplido con su deber y no veía la necesidad de permanecer con su marido.
La creencia popular es que Leonor se sintió despechada por el amor de Enrique hacia Rosamund Clifford. No era la primera vez que el rey se involucraba emocionalmente con una mujer; antes de 1162, se hablaba de su amor por Rohese de Clare. Tampoco hay evidencia de que el rey humillará a su esposa exhibiendo a su amante; más bien, mantuvo la relación en secreto hasta 1174. Es poco probable que el romance de Enrique y Rosamund fuera la causa principal del distanciamiento de la pareja real. 
Es posible que ella prefiriera vivir en su tierra natal, donde tenía cierto grado de autonomía como duquesa, en vez de su rol subordinado como esposa y reina. Se ha especulado, como en muchas rupturas matrimoniales, que había poca compatibilidad en la pareja. Es cierto que tenían gustos similares, pero ambos eran obstinados y con un carácter fuerte. También se ha sugerido que Leonor encontró en el amor de su hijo, Ricardo, la satisfacción emocional que le faltaba en su relación con el rey. Está claro que madre e hijo tenían un afecto especial el uno por el otro. (Weir, pp. 179 y 180)



Referencias 
Gottschalk, M. (2012) Reinas. Cinco soberanas y sus biografías. México: Fondo de Cultura Económica. Disponible en https://books.google.com.mx/books?id=3fsUSTXdxjcC&lpg=PP1&pg=PP3#v=onepage&q&f=false [09/06/20]

Hilliam, D. (2004) Eleanor of Aquitaine: The Richest Queen in Medieval Europe. The Rosen Publishing Group. Disponible en: https://books.google.com.mx/books?id=YxqJbKSf9rEC&lpg=PP1&pg=PP1#v=onepage&q&f=false [09/06/20]

Owen, D. (1993) Eleanor of Aquitaine : queen and legend. Oxford, UK; Cambridge, Mass.: Blackwell. Disponible en: https://archive.org/details/eleanorofaquitai0000owen/mode/1up [08/06/20]

Schoyer Brooks, P. (1999) Queen Eleanor: Independent Spirit of the Medieval World. Houghton Mifflin Harcourt. Disponible en: https://books.google.com.mx/books?id=zc0K2KfOhREC&lpg=PP1&dq=eleanor%20of%20aquitaine&pg=PA79#v=onepage&q&f=false [09/06/20]

Wade Labarge, M. (2003) La mujer en la Edad Media. San Sebastián: Editorial Nerea. Disponible en https://books.google.com.mx/books?id=wBFFOyUBoV4C&lpg=PA1&pg=PA1#v=onepage&q&f=false [09/06/20]

Weir, A. (1999) Eleanor of Aquitaine : by the wrath of God, Queen of EnglandLondon: Jonathan Cape. Disponible en: https://archive.org/details/eleanorofaquitai0000weir/mode/1up [08/06/20]

8 mar 2020

Leonor de Aquitania (Parte 1)

Leonor de Aquitania
Reina de Francia y de Inglaterra

Primeros años
Nació entre los años 1122 y 1124. Hija de Guillermo X de Aquitania y Leonor de Châtellerault. Tuvo un hermano mayor, Aigret, y una hermana menor, Petronila. Su abuelo fue Guillermo el Trovador.

Tras la muerte de su hermano, Leonor se convirtió en heredera del ducado más grande de Francia. Los duques de Aquitania eran, asimismo, condes de Poitiers y duques de Gascuña. Su autoridad se extendía a diecinueve de los actuales departamentos: del Indre a los Bajos Pirineos. Son vasallos suyos poderosos barones: en Poitou, los vizcondes de Thouars, los señores de Lusignan y de Châtellerault, que son importantes personajes —veremos a un Lusignan llevar la corona de rey de Jerusalén—; y barones de menor entidad, como los de Mauléon y de Parthenay, los de Chateauroux y de Issoudun, en Berry; de Turena y de Ventadour en el Lemosín; y esos señores gascones de nombres sonoros, los d´Astarac, d´Armagnac, de Pardiac o de Fézensac, y muchos otros más, hasta los Pirineos, por no hablar de los condados de la Marche, de Auvernia, de Limoges, de Angulema, del Perigord o del vizcondado de Bearn, feudos extensos y ricos, que componen una verdadera corte para el duque de Aquitania. (Pernoud, 2009, pág. 16)

"La opulenta Aquitania, dulce como el néctar gracias a sus viñedos salpicados de bosques, repletos de frutas de todo tipo y dotados de una sobreabundancia de pastizales", describe un cronista, Heriger de Lobbes. Ralph de Diceto escribió que el ducado "abunda en riquezas de muchos tipos, tan excelentes en otras partes del mundo occidental que los historiadores lo consideran una de las provincias más afortunadas y prósperas de la Galia". (Weir, 1999, p. 5) Leonor creció en una corte sofisticada, en la que desarrolló un gusto por el lujo y el refinamiento. Alentó la cultura trovadora con su patrocinio de poetas y escritores. Algunos historiadores creen que Leonor y sus damas presidieron "cortes de amor" en Poitiers. Sabemos que la condesa María, hija mayor de Leonor, encargó a su capellán, Andreas Capellanus, que escribiera sobre ellas, en un libro titulado Tratado de Amor. 

Las mujeres desempeñaron un papel subordinado en la sociedad medieval. Cuando los estados feudales se forjaban a partir de las ruinas de un imperio romano devastado por las invasiones bárbaras, la vida era brutal e incierta; podría prevalecer generalmente sobre el derecho; y lo que contaba era la fuerza masculina. Las leyes de Aquitania, establecidas en los años anteriores a que la Iglesia aumentará su influencia en los dominios ducales, eran generalmente favorables para las mujeres, asegurando que su estatus en el ducado fuera más alto que en cualquier otro lugar de la Europa feudal. Podían heredar la propiedad por derecho propio e incluso gobernar de manera autónoma sobre las tierras que heredaron. Participaron en la vida pública y, a diferencia de las mujeres en el norte de Francia, no se mantuvieron aisladas de los hombres o de la sociedad en general. Las mujeres ricas eran famosas por su elegancia en la vestimenta, pero censuradas por la Iglesia por sus mejillas pintadas, sus ojos delineados y sus perfumes orientales. Las mujeres de todas las clases eran famosas por su actitud laxa hacia la moralidad; en el norte se afirmaba que todo el ducado no era mejor que un gran burdel. El adulterio de una esposa no era castigado, como en otros lugares, con encarcelamiento o ejecución: los aquitanos tenían una visión optimista de tales asuntos. (Weir, 1999, p. 16)

La educación de una mujer raramente era considerada importante. Las chicas de buena cuna aprendían habilidades domésticas, en el hogar o en el convento, y rara vez aprendían a leer o escribir. Leonor fue una excepción. Le enseñaron a leer en su lengua materna; Bertran de Born, quien le dirigió muchos chansons, dice, "no eran desconocidos para ella, porque ella puede leer". También recibió instrucción en latín. Si bien, ciertamente se familiarizó con el sable gai* (arte alegre) de los trovadores, no hay evidencia de que haya heredado los talentos poéticos de su abuelo, como afirman algunos escritores. Sin embargo, compartió el disfrute de Guillermo IX de la literatura romántica y la poesía, y con el tiempo vendría a patrocinar a trovadores como Bernard de Ventadour. (Weir, 1999, p. 16-17)

Además de ser una prominente heredera, Leonor era extrovertida, inteligente, voluntariosa y muy admirada en la corte de Poitiers. El trovador Bernard de Ventadour decía que era «graciosa y agradable, el encanto hecho persona», y que tenía «unos ojos preciosos y una expresión muy noble». (Rank, pág. 26Sin embargo, nadie dejó una descripción de Leonor, ni siquiera del color de sus ojos o cabello. Se ha sugerido que debió tener una apariencia acorde al ideal contemporáneo de belleza rubia y ojos azules, aunque un mural de la iglesia de Santa Radegunda en Chinon muestra a Leonor con el cabello castaño rojizo.

Mural en capilla de Santa Radegunda, fuente

Con la muerte de su padre en 1137, cuando apenas era una adolescente, se convirtió en duquesa de Aquitania. El duque Guillermo había nombrado como guardián de su hija al rey Luis VI de Francia. En cuanto murió el padre de Leonor, el rey comenzó los preparativos para el casamiento entre su hijo y la joven duquesa. 


Reina de Francia
Los jóvenes contrajeron matrimonio el 25 de julio de 1137 en la catedral de San Andrés. Ese mismo año falleció el rey, con lo cual, el esposo de Leonor ascendió al trono como Luis VII. El nuevo rey resultó ser un joven tímido y reservado que solía delegar muchas de sus responsabilidades en los consejeros de su padre. Leonor, aún siendo joven e inexperta en política, asistía a las reuniones del consejo y se enfrentaba a los consejeros. Poco tiempo después, los jóvenes comenzaron a enfrentarse. Leonor hizo lo posible por animar la corte trayendo cosas típicas de Aquitania; tapices decorativos, enormes chimeneas y una arquitectura interior más luminosa para el castillo. Odiaba la excesiva devoción de su marido. Llegó a quejarse diciendo que pensaba que se había casado con un hombre que en realidad resultó ser un monje. (Rank, pág. 27)


La Segunda Cruzada fue la oportunidad perfecta para que la pareja arreglara sus diferencias fuera de casa. El Papa Eugenio III emitió un comunicado para que la Segunda Cruzada obligara el retroceso de los musulmanes. Cuando Luis VII decidió viajar a Tierra Santa, la reina Leonor quiso ir con él y, a sus 19 años, se arrodilló para hacer un juramento después de escuchar el sermón de Bernardo de Claraval. 

Para su participación en la Cruzada, Leonor planeaba contar con 1000 caballeros y 300 mujeres para atender a los heridos. La presencia de otras mujeres y los vagones llenos de doncellas unidos a las lanzas y armaduras decoradas, causaban cierto desprecio por parte de otros cruzados. Según ellos, era una imagen consumista poco apropiada para una cruzada santa, un viaje especialmente difícil en el que escaseaban hasta la comida y el agua. Hay una leyenda que cuenta que Leonor y las mujeres de la expedición iban vestidas como amazonas. Lo cierto es que, Leonor introdujo nuevas formas de vestuario desde Medio Oriente hasta Francia e Inglaterra en su regreso a Europa, contribuyendo a una interacción activa entre ambas culturas después de las cruzadas. (Rank, pág. 27-28

Llegaron a Constantinopla el 4 de octubre de 1147, al cabo de una penosa marcha de cinco meses. Fueron recibidos por un cortejo de dignatarios bizantinos encargados de acompañarlos hasta el palacio de Blanquerna, donde el emperador Manuel I Comneno les iba a dar la bienvenida. No es difícil imaginarse la impresión que la ciudad bizantina podía causar a los franceses de la época. "Constantinopla, que es la gloria de los griegos, ciudad famosa por sus riquezas, y más rica todavía que su fama —escribía Eudes de Deuil—. Su belleza exterior es casi incomparable y la interior sobrepasa ampliamente todo lo que yo pudiera decir. Por donde se mire no se ven más que dorados y pinturas de colores variados —añadía él, esta vez a propósito del palacio de Blanquerna—. El suelo del patio está recubierto, con una habilidad exquisita, de baldosas de mármol, y hay un despliegue de arte maravilloso...". Asimismo, podemos imaginar la admiración de Leonor durante la ceremonia religiosa que tuvo lugar en la gran basílica de Santa Sofía, inundada por el oro de los mosaicos que la cubrían. Sería después de su conquista por los otomanos, en 1453, cuando todo este esplendor fue sistemáticamente arrancado. (Pernoud, 2000, pág. 80)

Sin embargo, en cuanto abandonaron la ciudad imperial y cruzaron a través del estrecho del Bósforo hasta el territorio ocupado por los selyúcidas turcos, vieron que las hazañas presentes en canciones y poemas se desplomaban frente a la triste realidad de una peligrosa expedición militar en condiciones hostiles. Cuando abandonaron Constantinopla, los cruzados se dirigieron hacia territorio enemigo donde atacaron al ejército turco y estos ataques junto con las nefastas condiciones climáticas, casi acaban con la vida de todos los cruzados. Los que consiguieron sobrevivir lograron llegar a Adalia, donde Luis intentó conseguir barcos para llevarlos hasta Tierra Santa. Lamentablemente, no había suficientes navíos, por lo que Luis abandonó a la mayor parte del ejército para que los nobles pudieran viajar a ultramar. Los menos afortunados tuvieron que hacer el resto del camino por tierra; la mayoría de estos soldados fueron asesinados o capturados por los turcos. (Rank, pág. 28-29)

Segundo consejo de la Cruzada : Conrad III de Alemania , Luis VII de Francia , esposo de Leonor y Baldwin III de Jerusalén

Los reyes de Francia llegaron a Antioquía y fueron recibidos por el príncipe Raimundo, tío de la reina. Leonor empezó a convivir mucho con su tío, quien era más interesante y guapo que el rey Luis. Esta situación dio lugar a rumores acerca de una supuesta aventura amorosa. Cierto o no, es innegable que hubo tensiones matrimoniales mientras estaban en Antioquía. Raimundo solicitó el apoyo del rey Luis, el cual se negó y continuó con su ejército hacia Jerusalén. Leonor se negó a acompañarlo en esta expedición. Su intención era que las tropas de Aquitania se quedaran en Antioquía para ayudar a Raimundo en su ataque a Nur al-Din. Amenazó al rey con divorciarse, alegando que su unión carecía de validez. Luis secuestró a su esposa en medio de la noche y la mantuvo a su lado durante el resto de su estancia en Tierra Santa. Finalmente regresaron a Europa en barcos separados. Llegaron a Roma, donde el Papa Eugenio III intentó solucionar el conflicto entre los cónyuges. Durante este periodo, Leonor dio a luz a una hija, Adelaida. Incapaces de salvar su matrimonio, regresaron a  Francia. El 11 de marzo de 1152, el enlace quedó disuelto por causas de consanguinidad. Con la nulidad matrimonial, recuperó sus dominios, despertando nuevamente el interés de sus pretendientes. (Rank, pág. 29-30



Bibliografía
Rank, Melissa, y Rank, Michael (2016). Las mujeres más poderosas de la Edad Media: reinas, santas y asesinas. De Teodora a Isabel Tudor. Books on Google Play [Libro electrónico]. Traducción de Melisa Arancibia. Recuperado 1 febrero, 2020, de https://play.google.com/store/books/details?id=VR7nCwAAQBAJ

Pernoud, Régine (2000). La mujer en tiempos de las cruzadas. Recuperado 02 febrero 2020, de  https://books.google.com.mx/books?id=ZxE4DXFmpUQC&dq=leonor+de+aquitania&source=gbs_navlinks_s

Pernoud, Régine, Leonor de Aquitania, Acantilado, Barcelona, 2009, consultado el 9 de febrero de 2020 en http://www.acantilado.es/wp-content/uploads/Leonor_Aquitania_extracto.pdf

Weir, Alison (1999) Eleanor of Aquitaine : by the wrath of God, Queen of England. London: Jonathan Cape. Recuperado el 8 de junio de 2020 en https://archive.org/details/eleanorofaquitai0000weir/mode/2up


5 sept 2018

El matrimonio de Luis XV y María Leszczyńska

Un día como hoy, en 1725, Luis XV y María Leszczyńska se casaron en Fontainebleau

A los quince años se consideró que Luis estaba en condiciones de contraer matrimonio. Aunque reservado y tímido, era vigoroso, y había mostrado ya su impaciencia por tener que esperar a que la princesa española de cinco años que le habían dado por prometida tuviera edad para compartir su lecho. Temeroso de las consecuencias de tan larga espera, el duque de Borbón, sin escuchar las dolidas protestas del embajador español, envió a la pequeña infanta Mariana Victoria a Madrid y buscó una novia ya núbil.

 
María Leszczyńska y Luis XV

Se temía que Luis muriese sin descendencia y el trono recayera en la casa de Orleans, por lo que la cuestión del matrimonio del joven rey se tornaba cada vez más urgente. A falta de una candidata más rica y digna, la elección del regente Felipe II recayó en María Leszczyńska, hija única del desterrado rey de Polonia Estanislao I, que había perdido su reino por compartir la optimista creencia de Carlos XII de que Suecia podía rivalizar con la Rusia de Pedro el Grande. La elección extrañó bastante a los franceses, ya que María no sólo era pobre, sino fea, sosa, desgarbada y con casi cinco años más que el rey. Pero en cambio, gozaba de una salud envidiable y se confiaba en que fuese fecunda en su matrimonio. Desde principios de abril de 1725 se anunció el compromiso.

Las esperanzas estaban justificadas. A su llegada a Versalles, el rey se mostró encantado con ella. Le hizo el amor —se dijo— siete veces la noche de bodas. La reina dio a luz a diez hijos, de los cuales, siete llegaron a edad adulta.
  • Luisa Isabel de Francia, Madame Premiere (1727–1759); Duquesa de Parma, casada con Felipe I de Parma. Tuvo descendencia.
  • Ana Enriqueta de Francia, Madame Seconde (1727–1752); gemela de Luisa Isabel, nunca se casó.
  • María Luisa de Francia, Madame Troisième (1728–1733). Murió en la infancia.*
  • Luis de Francia (1729–1765); Delfín de Francia y padre de los tres últimos monarcas de la Casa de Borbón en Francia, Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X.
  • Felipe de Francia (1730–1733); Duque de Anjou, murió en la infancia.*
  • María Adelaida de Francia, Madame Quatrième, luego Madame Troisième (1732–1800). Nunca se casó.
  • Victoria de Francia, Madame Quatrième (1733–1799). Nunca se casó.
  • Sofía de Francia, Madame Cinquième (1734–1782). Nunca se casó.
  • Teresa Felicita de Francia, Madame Sixième (1736–1744). Murió en la infancia.*
  • Luisa María de Francia, Madame Septième o Madame Dernier (1737–1787). Nunca se casó. Se hizo monja.

Los primeros años de matrimonio fueron felices. El rey le guardo fidelidad durante los primeros ocho años de casados. Confiaba y respetaba a su consorte, aún cuando la corte la consideraba de cuna muy inferior. María era sumisa y fecunda, pero se fue tornando más demacrada y aburrida con cada nuevo embarazo. Su marido estaba ansioso por entretenimiento. Además, la reina María se sentía cada vez menos inclinada a someterse a las agotadoras exigencias de su marido, y empezó a inventar excusas para no recibirlo en su lecho. En 1733, Luis XV tomó a su primera amante, Louise Julie de Mailly. Tiempo después, también mantendría un romance con tres hermanas de Louise (las hermanas Nesle, de las cuales escribiré en otra entrada). La reina de Francia afrontó las infidelidades de su esposo con dignidad, procurando refugiarse en sus hijos y en la religión. Con las hermanas Nesle, la reina padeció no pocos disgustos; sería Madame de Pompadour, la más prominente entre las amantes de su marido, con quien mantendría relaciones muy cordiales.
Aunque al principio no fue vista con buenos ojos por la nobleza, su solemnidad y apego a las rígidas normas de Versalles lograron ganarse el respeto de los cortesanos. Sus obras de caridad le granjearon el cariño del pueblo. Aunque no tuvo influencia directa en la política francesa, sus conexiones dinásticas polacas involucraron a Francia en un conflicto europeo que resultó en la eventual anexión de Lorena por parte de Francia.



Bibliografía:
Hibbert, C, y editores del Departamento de Libros Newsweek. (1974). Capítulo V. Luis XV el bienamado. En Versalles (p. 80 y 81). España: Reader´s Digest Mexico.